Una vez más, el metro.
Venía de regreso de mi trabajo, sentado y leyendo un libro que tengo que reseñar para YA. El tren venía lentísimo y, aunque los nuevos vagones de la línea azul ya tienen aire acondicionado que funciona, me estaba asfixiando de calor (y a mí el calor me gusta bastante, pero hay una diferencia entre el calor de la playa y el calor de la gente en el metro). Total que venía leyendo cuando frente a mí, junto a mis pies veo un perro callejero café de tamaño mediano. Mi primer reacción fue de sorpresa. ¡Un perro en el metro! ¡No sabía que ya dejaban entrar con mascotas (bueno, en realidad hay muchos otros animales que utilizan dicho transporte público)! En eso pasa un señor pidiendo unos pesos con la correa del susodicho perro en la mano. Lo único que pensé fue: "¿Realmente ese señor está ciego?" Porque si está utilizando al perro como guía no le está funcionando. Mientras el señor avanzaba el perro se metía por los lugares más complicados. Si el señor hubiese seguido la ruta del perro es muy probable que hubiese terminado con el tubo entre los ojos. Afortundamente, el señor tenía una guía interna que le decía cuándo sí y cuándo no hacerle caso al perro.
Qué cosas ve uno en el metro.
Descubrir al hacedor y padre de este universo es difícil, pero, una vez descubierto, comunicárselo a todos es imposible. (Platón, Timeo, 28c)
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26.4.07
20.4.07
El metro es un circo IV
Definitivamente el metro tiene muchas historias que contar y por contar. Hoy me tocó vivir una de las nuevas.
Es ya conocido el ambulantaje y todo lo que en el metro existe por ganarse unas monedas. He hablado de varias de ellas anteriormente. Sin embargo, la evolución está presente en todos lados. La creatividad del mexicano también.
En una estación -no recuerdo el nombre- se subió un hombre que no rebasaba los 35 años -incluso yo le calculé unos 28. Su letanía era distinta de las ya conocidas (no tengo trabajo, tengo sida, soy niño de la calle, mi hijo está enfermo, la mirada triste). El joven de hoy nos habló del cáncer. Afirmaba tener dicha enfermedad y no tener con qué pagar los tratamientos. Mostró su estómago cicatrizado, según él, por las múltiples operaciones realizadas. Al hablar, se tambaleaba y estaba completamente desaliñado.
Curiosamente, cuando llegué a mi destino y estaba a punto de salir por los torniquetes allí estaba el mismo sujeto. A mi juicio, no era una persona con cáncer -he visto el cáncer de cerca e incluso el cáncer de estómago-, era un drogadicto que había sufrido varias riñas callejeras que le habían provocado esas heridas en el estómago y que necesitaba urgentemente unos pesos para, ya sea conseguir más droga o pagar una deuda a causa de la misma.
Lo malo de todo esto es que la credibilidad de las personas va en picada y sin escala a una colisión total. De verdad quisiera creerle a las personas que dicen padecer lo que padecen, pero ya no puedo. Quisiera ayuar a los que realmente necesitan ese peso, pero ya no creo. Allí viene el lobo... ¿cuándo vendrá?
Es ya conocido el ambulantaje y todo lo que en el metro existe por ganarse unas monedas. He hablado de varias de ellas anteriormente. Sin embargo, la evolución está presente en todos lados. La creatividad del mexicano también.
En una estación -no recuerdo el nombre- se subió un hombre que no rebasaba los 35 años -incluso yo le calculé unos 28. Su letanía era distinta de las ya conocidas (no tengo trabajo, tengo sida, soy niño de la calle, mi hijo está enfermo, la mirada triste). El joven de hoy nos habló del cáncer. Afirmaba tener dicha enfermedad y no tener con qué pagar los tratamientos. Mostró su estómago cicatrizado, según él, por las múltiples operaciones realizadas. Al hablar, se tambaleaba y estaba completamente desaliñado.
Curiosamente, cuando llegué a mi destino y estaba a punto de salir por los torniquetes allí estaba el mismo sujeto. A mi juicio, no era una persona con cáncer -he visto el cáncer de cerca e incluso el cáncer de estómago-, era un drogadicto que había sufrido varias riñas callejeras que le habían provocado esas heridas en el estómago y que necesitaba urgentemente unos pesos para, ya sea conseguir más droga o pagar una deuda a causa de la misma.
Lo malo de todo esto es que la credibilidad de las personas va en picada y sin escala a una colisión total. De verdad quisiera creerle a las personas que dicen padecer lo que padecen, pero ya no puedo. Quisiera ayuar a los que realmente necesitan ese peso, pero ya no creo. Allí viene el lobo... ¿cuándo vendrá?
16.4.07
El metro es un circo III
¡Oh, no, lo olvidé! Así es, olvidé que hoy reingresaban a clases millones y millones de niños. Olvidé que hoy atascarían los padres de familia las avenidas trasnportando a sus críos hacia la escuela. Olvidé que el metro hoy iba a estar ensardinado.
Suelo tomar el metro en Portales. Hoy, sin embargo, lo tomé en Ermita. Cuando arribó el metro al que me debía subir vi que no había lugar para sentarme y como ya saben, a mí me gusta ir leyendo en el metro, y qué mejor si es sentado. Pensé que esto no estaba bien, así que tomé el metro en dirección opuesta esperando ganar un lugar para sentarme si me subía, en lugar de Portales y Ermita, en General Anaya. Mi estrategia, que normalmente es exitosa, fue inoperante el día de hoy. Ya desde Tasqueña venía el metro sin un lugar para sentarse. Miré mi reloj para ver si podía dejar pasar ese tren para tomar el que le sigue y así conseguir lugar. Había tiempo. Lo hice, pero el tren que llegó después venía igual de lleno. No podía esperar otro. Me subí a ese y ni modo, tuve que leer de pie hasta Hidalgo, donde una buena parte de la turba se bajó.
¡Qué caos! Y todo por un simple regreso a clases...
Suelo tomar el metro en Portales. Hoy, sin embargo, lo tomé en Ermita. Cuando arribó el metro al que me debía subir vi que no había lugar para sentarme y como ya saben, a mí me gusta ir leyendo en el metro, y qué mejor si es sentado. Pensé que esto no estaba bien, así que tomé el metro en dirección opuesta esperando ganar un lugar para sentarme si me subía, en lugar de Portales y Ermita, en General Anaya. Mi estrategia, que normalmente es exitosa, fue inoperante el día de hoy. Ya desde Tasqueña venía el metro sin un lugar para sentarse. Miré mi reloj para ver si podía dejar pasar ese tren para tomar el que le sigue y así conseguir lugar. Había tiempo. Lo hice, pero el tren que llegó después venía igual de lleno. No podía esperar otro. Me subí a ese y ni modo, tuve que leer de pie hasta Hidalgo, donde una buena parte de la turba se bajó.
¡Qué caos! Y todo por un simple regreso a clases...
30.11.06
El metro es un circo 3.0
Ayer en la mañana iba en el metro como la mayoría de los días. Iba sentado leyendo cuando en alguna estación se subieron dos comadres que se sentaron una frente a la otra. Platicaban sobre varias cosas, las cuales desconozco pues yo estaba metido en mi libro. Así estábamos cuando arranca el metro y entre estación y estación se frenó como si se le hubiera detenido en seco el metro de adelante, como si una carriola con un bebé hubiera aparecido de la nada. Todos los usuarios sufrimos la fuerza de la inercia aplastando y siendo aplastados. Retomó su marcha, llegó a la estación, arrancó y lo volvió a hacer. Las comadres que ya mencioné comentaron entre sí el suceso. Una dijo que seguro el operador era nuevo y que estaba aprendiendo a frenar. A lo que le contestó la otra: "Seguro es mujer".
21.11.06
El metro es un circo 2.0

Estábamos detenidos en alguna estación (me parece que fue Xola) cuando escuché a lo lejos vidrios rotos chocando entre sí. En ese momento pensé que se acercaba el faquir, aunque mi duda era dónde iba a realizar su acto, con el metro así de lleno no veía espacio vacío. En efecto, no lo realizó, pero su perorata, vaya que la llevó a cabo. "Les pido una moneeeedaa que me puedan regalaaaar, algo que no afecte su economíiiiia. Se los agradeeeezco". Es evidente que finge, que él no habla así, ¿por qué lo hace? No lo sé, pero ya no parece ser tan efectivo como tal vez antes lo fue. En el espacio donde yo me ubicaba, nadie le dio una moneda. Incluso una pareja bastante humilde que traían a su hija de unos 10 meses con gripa, comenzaron a comentar lo falso que se oía. El dicho dice que de tanto que se decía que allí venía el lobo, ya nadie lo creyó cuando realmente venía.
Cerraré esta intervención con algo que me causó alegría por la mañana que abordé el metro. La música ambiental que había en las estaciones era la música de Star Wars. Con eso llegué animado, y un poco apurado también, al trabajo.
31.10.06
El metro es un circo

Es inevitable convivir con los ambulantes, los "ciegos", los "de la calle", los faquires que están dispuestos a cualquier cosa por unos centavos. Es denigrante toparse con esto en el metro. He visto ciegos que saliendo del metro caminan muy bien, doblan su bastón y son uno más en la calle. He visto cómo niños de la calle exageran la tonada para que los pasajeros creamos realmente que su origen es la calle. Aunque las autoridades del metro prohíben la venta de piratería dentro de las instalaciones, también he visto muchos (demasiados) ambulantes (prácticamente uno por estación). Es muy molesto porque voy leyendo y cuando menos lo espero tengo la bocina en mi oído a un volumen escandaloso que busca captar la atención del posible comprador, quien por diez pesos muchas veces compra un disco en blanco. Pero hay dos cosas que me molestan aún más: las señoras que se arrastran por todo el vagón haciendo las veces de un bolero y los faquires.
La primera vez que me sucedió me asustó, pues nunca esperé que un ser humano estuviera arrastrándose por el piso del vagón con un trapo tratando de limpiar los zapatos de los pasajeros. Sobresalté, miré hacia abajo y me encuentro con una señora mayor con rostro desencajado pidiéndome una limosna. Grotesco.
El segundo, el faquir, es aún más desagradable por todo lo que representa. Un ser que en una franela trae vidrios rotos de todos los tamaños, texturas y colores que se puedan imaginar. Lo coloca en una de las entradas al vagón y comienza a hacer piruetas cayendo de espalda y de pecho contra los vidrios, al tiempo que reza una cantaleta: "Perdonen las molestias que esto les ocasiona, pero más les molestaría que me llevara sus billeteras. Es desagradable, pero es honesto". ¿Qué? ¿Acaso el que no me asalte le da permiso para exhibirse de esa forma frente a los pasajeros? ¿Qué tipo de razonamiento es este? Hay dos formas de llamarlo: Chantaje o, en lógica, Ad misericordiam. Darle dinero a alguien porque se clava vidrios, voluntariamente, en el cuerpo es totalmente irracional. Quien lo hace fomenta que esa persona siga atentando contra sí misma e, incluso, contra el pasaje. Porque realmente se dejan caer sobre los vidrios. He visto los hilos de sangre que escurren de sus espaldas.
Hoy, decía al inicio, me regresé en el metro. Dos estaciones antes de llegar a mi destino apareció uno de estos faquires. Frente a mí había una familia sentada (padre, madre e hija). En cuanto el señor comenzó con su acto circense la niña (como de 10 años) volteó el rostro. No podía ver un acto tan antinatural. Con asco les preguntó a sus papás que por qué el señor hacía eso. La mamá le dio una explicación. Nadie en nuestro vagón le dio un peso y se cambió de vagón para repetir su acto.
¿Cuándo el chantaje dejará de ser el medio para conseguir los fines? ¿Cuándo podremos viajar en el metro sin tener que ser testigos de actos por los cuales no pagamos para ver? ¿Cuándo el mejor transporte público que existe en la ciudad de México, y uno de los más limpios, dejará de servir de pista a todos estos cirqueros?
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