6.3.08

Balún Canán

Balún Canán
Rosario Castellanos
FCE. México, 2007.
286 págs.

Los mexicanos no podemos negar el pasado indígena que corre por nuestra sangre. Rosario Castellanos no sólo no lo niega sino lo exalta. Aunque nació en el Distrito Federal, creció en Comitán, Chiapas, donde gestó su opera prima.

«…Y entonces, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos atesorado: la palabra, que es el arca de la memoria.» Con esta contundente afirmación inicia la lectura de Balún Canán, «Nueve estrellas», nombre dado por los mayas a Comitán.

La novela es un viaje en el tiempo y el espacio. Recrea episodios de la historia nacional durante el sexenio de Lázaro Cárdenas. Chiapas no estaba lista –como el resto del país– para aceptar la igualdad de los «blancos» frente a los «mestizos» cuyo pilar fue la Reforma Agraria. Bajo este contexto se entreteje la trama de los Argüello, familia bien acomodada de «blancos» en Comitán, reacia a las ideas progresistas del general.

La primera y tercera parte de la novela son las mejor logradas. En ellas, la prosa es exquisita y las imágenes abundan; el ritmo es veloz, sin perder cierta cadencia entre capítulos. La voz de la niña es quien jala la historia. La segunda parte se narra en tercera persona y frena el ímpetu que hasta entonces llevaba el texto. El frenesí se detiene y los Argüello inician su declive.

Sin emitir juicios, la autora proyectó las contradicciones de la primera mitad del siglo XX en México, donde a pesar del distanciamiento que los «blancos» procuraban de los «naturales», encargaban el cuidado de sus hijos a nanas indígenas. Rufina fue quien en vida cuidó de la autora cuando radicaba en el sureste mexicano. De ella aprendió el tzeltal y se adueñó de su cultura. Los afortunados de este encuentro somos los lectores que hoy, a 50 años de su publicación, podemos recrearnos en las palabras que Rosario no permitió le arrebataran de su memoria.

[Publicado en Istmo 294]

1 comentario:

el hombre de papel dijo...

Me emociona ver este libro aquí porque es el último que leí (el último de literatura, al menos).
Muy bueno, sabe deliciosamente a tierra. No sabía que era su ópera prima.