4.1.08

Enjoy Coke: una disertación sobre la pureza del líquido

Como los primeros consumidores de Coca-Cola en el mundo me veo en la necesidad de hablar de ella. Sí, así como lo lees, consumimos más Coca que los Estados Unidos. Impresionante, ¿no? Incluso he escuchado que los albañiles llegan a utilizar pequeñas porciones de la bebida como parte del secreto de su resistente mezcla. Probablemente esto sea un mito urbano, pero qué más da, la Coca-Cola es especialista en crear mitos. Ella se convirtió en un mito único. Su historia, conocida por la mayoría, es sumamente peculiar.

A finales del siglo XIX (1885), John Pemberton, un farmacéutico de Atlanta, Georgia, buscaba crear un jarabe que pudiera calmar los dolores de cabeza. Experimentando llegó a mezclar hojas de coca y semillas de cola con un poco de vino. La llamó "Pemberton's French Wine Coca". Resultó un éxito. No sólo quitaba el dolor de cabeza, también aliviaba las náuseas. El remedio fue tan bueno que al poco tiempo comenzó a venderlo en su farmacia, la Farmacia Jacobs, como bebida refrescante por cinco centavos. Frank Robinson la bautizó como Coca-Cola y con su caligrafía creó el logo que todos conocemos. Le llevó un año darse a conocer por toda la ciudad cuando en 1886 se le ofreció a Pemberton venderla en todo el territorio norteamericano. Así lo hizo y por escasos 2 mil 300 dólares vendió la fórmula a un par de empresarios. Comenzaron a abrirse varias envasadoras por todo EU hasta que unos abogados compraron la compañía y la distribuyeron por todo el mundo. Hoy hasta a los bebés se les llega a dar Coca-Cola cuando están enfermos del estómago. Lo increíble es que sí es efectiva.
Con la distribución mundial fueron creándose diversos envases. Tenemos los de vidrio, la lata, en plástico o las máquinas que arrojan el líquido sobre un vaso al apretar un sensor. La comercialización ha sido brutal. Es uno de los íconos --sino que el ícono par excellence-- del capitalismo. Recuerdo como en Adiós a Lenin, los hijos buscan evitarle a su comunista madre, quien había caído en coma en octubre de 1989 y despertó un mes tarde, el impacto de la caída del muro y, por lo tanto, la entrada de Alemania Oriental al mundo occidental cerrando las cortinas de su departamento, pues justo frente a su ventana se desplegaba ahora una inmensa manta de Coca-Cola.

La mayoría, sino es que todos, hemos tomado alguna vez este medicamento gaseoso. Hoy su fórmula consiste en un poco de azúcar y aceites de naranja, limón y vainilla. Es falso que tenga cocaína; al principio se utilizaron las hojas de coca, pero nunca cocaína. La verdadera fórmula es un secreto comercial inaccesible para el resto de la gente y se encuentra guardada en un banco de Atlanta.

Por supuesto, he probado la Coca. Generalmente, por la tarde salgo a comprarme una lata para pasar el resto del día en la oficina dando sorbos estimulantes. De alguna manera sí se convierte en una adicción. Ya estoy programado para ir a la tienda a eso de las cinco para comprar mi lata. Sin embargo, la de lata no es mi Coca favorita.




Los que consumimos Coca hemos notado que el sabor de la misma varía de acuerdo al recipiente. Curioso. Y cierto. No sabe igual la que está enlatada, de la que viene en plástico o vidrio y menos la que sale de la máquina. Mi preferida es esta última. No sé si sea porque tal vez es la más pura, la que ha sido tocada por menos estructuras y por ello su sabor sea más genuino. Después me gusta la de lata, le sigue la de vidrio y finalmente la de botella de plástico, la cual sólo sabe bien si se vacía en un vaso y se le agregan un par de hielos.

Pareciera que el envase contaminara el líquido. Probablemente ni siquiera sea una simple maquinación, sino real. El envase le cede algo de sí a aquello que está conteniendo. Hago un símil con la dualidad alma-cuerpo. El alma, de acuerdo con Platón y así lo creo yo, vaga sola en el Mundo de las Formas antes de encarnarse en un cuerpo. Mientras está pura puede verlo todo, conocer la Verdad y tener plenitud. Al momento de encarcelarse en el cuerpo adopta las propiedades de éste, dentro de las que destacan la limitación física. Esta limitación física también se convierte en una limitación psíquica, haciendo que el alma ya no sea en sí misma sino en tanto que un compuesto. De esta manera el alma pierde las capacidades que poseía previo al contacto con el cuerpo. El alma, ahora limitada por el cuerpo, accede a la verdad y el conocimiento por medio del receptáculo físico que la abraza.

La Coca-Cola parece funcionar igual. De acuerdo al recipiente que la contenga será el sabor que nos transmita. Lo que creo se acerca más al estado puro del líquido, el Mundo de la Coca, es el sabor que experimentamos tras ser expulsada por la máquina. Eso sí, será imposible conocer cómo es la Coca pura, pues siempre, necesariamente, tendrá que ser contenida por algo. Cualquier líquido lo necesita, como en este mundo, el Mundo Sensible, no puede haber almas sin cuerpo. La limitación física es propia de la naturaleza que conocemos.
A todo esto, lo más curioso es que aunque consumo mucha Coca-Cola, soy de los que prefieren la Pepsi.

10 comentarios:

The Phoenix dijo...

Pos no se pero la Pepsi no me gusta, y los otros refresco de cola que han surgido -de cuyos nombres no puedo acordarme-, saben horrible.

Larga vida a la Coca Cola, la única bebida que todos (izquierda y derecha, conservadores y liberales), logra que sea el pequeño altar voluntario o no, del capitalismo telemático, en la era del nihilismo cumplido. Ah verdá?

Sergio

Nota Bene: el jovencito de "Adiós a Lenin" está guapito, pero a veces con una cara de menso.

isolino dijo...

no, no es lo más curioso, que consumas mucha coca y prefieras la pepsi es lo más incongruente, querido Chunga. Eres pepsilómano de clóset? sal!

The Phoenix dijo...

Ah, pues mira, una buena oportunidad para ir a tomar una buena chela, escuchar música y platicar, podría ser este 18 de enero en el Bar Ruta 61.

Se le va a hacer un homenaje a un rockero que hace poco se nos fue. Más informes en http://gerardomaria.blogspot.com/

Me dices qué onda, no? Un buen rato de blues en el Ruta.

Saludos.

Sergio

Goldenlink dijo...

jajajajaja que forma de comparar a Platón con la coca, no inventes primo jajajajaja.

La interrogación dijo...

A mi me gusta la cocacola, sólo tengo dos problemas con ella: me quita el sueño y no ne gustan las burbujitas, entonces ¿me gusta la cocacola?

fotómetro dijo...

Me declaro adicta a la coca-cola, casi diario me tomo una o dos (en lata, bien fría porque es la que más me gusta, después la de vidrio) y me reconforta. Soy fiel a la clásica pues por más que digan la Coca Zero sabe igual, no le llega ni a los talones.
Querido Roberto, me apena que prefieras la Pepsi, pero qué le vamos a hacer, en gustos se rompen géneros.
Coincido en que la coca-cola conlleva mitos, como el de la invención de Santa Claus un viejito en el Polo Norte que trae regalos a los niños. Fue tan fuerte esta idea en el mundo que desvancó a los Reyes Magos (en los países hispanos) y al Niño Jesús que era el encargado de repartir los regalos. Ya después los cristianos ante esta hecatombe, identificaron al personaje con San Nicolás y todos felices y contentos, a disfrutar la Navidad con Coca-Cola!!!!!!!!!!!

RED SHOES GIRL dijo...

Solo tengo que decir, que em tomo casi tres cocas de dieta al día!
Que horror

Besos

Liz dijo...

Quiero una coca. Increíble como pasas de comparar una coca de lata y una coca de vidrio a hablar sobre el alma, jo. Gracias por tus comentarios, y de verdad espero que la libertad no sea una falacia emocional, aunque aún si lo es, voy a seguir buscándola.

Mallén dijo...

Me dio una sed...
Un par de cosas: a mí me parece que el sabor a veces sin justificación aparente varía tanto que la Coca Cola toma sabor a Pepsi (y a diferencia tuya, a mí no me agrada el sabor de esta última), sobre todo en los envases plásticos duros de dos litros o litro y medio.
Lo segundo, es que la que se sirve en máquinas en realidad es la mezcla de un jarabe con soda. El jarabe en sí es la bebida. Y es horrenda... la he probado, por eso lo afirmo.
¿No trabajas para ellos, tú, que nos dejaste a todos con la boca seca con esta propaganda subliminal?

Anónimo dijo...

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