Mostrando las entradas con la etiqueta Nueva York. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Nueva York. Mostrar todas las entradas

3.12.07

Snow in New York

Esto sí me genera nostalgia.
Cómo extraño Nueva York en esta época del año...

20.9.07

Because...

Cuando tenía 8 años a mi papá le ofrecieron una capacitación de dos años en Nueva York. Al principio recuerdo no querer irme de México y dejar a mis amigos para llegar a un lugar donde las únicas personas conocidas serían mis papás, mi hermana y la persona que nos llevamos para que nos ayudara con el quehacer. Evidentemente, no estaba en mis manos esa decisión y partimos en verano. Llegamos en julio de 1985. El calor era intenso y húmedo. En otro momento compartí el vuelo México-Nueva York y lo emocionante que fue. En agosto cumpliría 9 años. Recuerdo que durante un par de semanas dormimos en unas colchonetas en el piso porque la mudanza aún no arribaba. La primera noche en la casa fue caluroso, pues todo estaba alfombrado. Sin embargo, fue en esos días que descubrí mi fascinación por sudar. (Hoy en día mi hermana dice que duermo en mi jugo, porque aunque haga calor tengo, además de las sábanas, un edredón y dos colchas.)

En septiembre entré a la escuela. Me correspondía el tercer grado de primaria. Estudié en Seely Place, una escuela pública que tenía mucho mejor nivel académico que la mayoría de las privadas mexicanas. El dato curioso es que yo no sabía decir nada en inglés que no fuera, "I don't speak English". Fuera de esas palabras, mi vocabulario sajón era nulo. Los primeros meses en la escuela tenía como única actividad sentarme a contemplar todo el salón, repetir mentalmente el abecedario que como cenefa estaba pegado a lo largo de las paredes. Al mismo tiempo, recibía clases de inglés como parte de los servicios de la escuela. La maestra era Mrs. Strongin, quien además de su lengua natal, hablaba español, francés, alemán, italiano y japonés. Yo tomamba mis clases con una compañera japonesa, Sayuki. Resultaba curioso cuando Mrs. Strongin tenía que explicarle algo en su idioma y yo las escuchaba dialogar sin entender absolutamente nada. Supongo que Sayuki pensaba lo mismo cuando parlábamos en castellano.

Aún recuerdo cómo odiaba la tarea de Mrs. Strongin. Era tediosa, aburrida y, en ese momento, la encontraba sin sentido. Repetir veinte veces oraciones en inglés en un cuaderno. Sin lograr ser consciente del momento, repentinamente hablaba inglés perfectamente. Aunque no logro saber si fue a mediados de tercer grado o comenzando cuarto de primaria cuando el inglés realmente se convirtió en mi segunda lengua (o como mi curso se llamaba, English as a Second Language, ESL), sí conservo memoria de la palabra que me hizo darme cuenta que ya tenía la posibilidad de armar oraciones. Fue cuando por primera vez pude utilizar la conjunción casual because. Fue como si verdaderamente hubiera recibido un relámpago de luz. Ahora podía hablar inglés teniendo la capacidad de explicar aquello que decía. Indudablemente esto también está relacionado con mi decisión de estudiar Filosofía. Because es una palabra muy importante para mí, en el idioma que sea, pues ella me permite dar razón de lo que afirmo.

El flujo de emoción que sentí cuando en una oración utilicé because fue como la que cualquier niño siente al ver su película favorita o anotar un gol en un partido. Constantemente recuerdo para mí esa anécdota y cada que lo hago una sonrisa acompaña mi rostro.

Continuamos viviendo en Nueva York hasta junio de 1987. Cuando supe que regresaríamos a México entristecí. Había hecho excelentes amigos, me sentía cómodo en el ambiente donde vivía, había bosque y lagos y fauna donde yo radicaba. Conocí la nieve y el otoño. Me supe querido por mis compañeros y maestras. Practiqué en liga casi todos los deportes: bésibol, basquetbol, soccer, futbol americano. Iba con frecuencia al Yankee Stadium; también estuve en Meadowlands, el estadio de los Gigantes y de los Jets de Nueva York. Lo único que me faltó fue ir al Maddison Square Garden a presenciar un partido de los Knicks. Aprendí inglés como si fuera mi lengua materna --incluso solo hablaba en español frente a mi madre; entre mi padre y mi hermana sólo se hablaba en inglés. Mi mejor infancia se quedó allá. ¿Para qué regresar? Una vez más, la decisión no estuvo en mis manos y desde esa fecha no he vuelto a ese maravilloso lugar. Lo extraño. Sé que algún día regresaré con mi familia y compartiré con ellos mis vivencias.

22.11.06

New York, New York

Durante la comida de hoy surgió una controversia que me obligó a citar que durante niño viví en Nueva York. Mis amigos, sentados a la mesa, comenzaron a mofarse de mí y a decirme cosas como "No tienes que presumirnos otra vez que viviste en Nueva York"; "Si tanto te gusta Nueva York por qué estás aquí en el Defectuoso". En realidad no fue para presumir mi estancia allá, sino para ejemplificar el argumento sobre el que se discutía. Sin embargo, cada que hablo de Nueva York me emociono y tal vez por eso lo cito con la frecuencia que mis amigos dicen que lo hago.

Durante nuestro crecimiento hay cosas que como niños nos marcan. Nueva York lo tengo rotulado en todo mi ser. No son marcas corporales las que me recuerdan lo maravilloso que fue vivir dos años en el estado de Nueva York (aclaro, no fue en Manhattan, que es lo que la mayoría de las personas conocen por las películas, sino en Scarsdale, a 45 minutos en tren de Manhattan), está en la mayoría de las cosas que soy ahora. Son sobre todo, mis recuerdos, los imborrables, los que permanecen para recordarme que la felicidad y la alegría pueden cohabitar en un niño de 9 años. Nunca me había sentido tan bien como cuando viví allá.

Vivía en unos condominios horizontales que tenían una alberca. Estos condominios estaban rodeados de naturaleza. Frente a mi casa había una falda de monte con árboles y piedras. Cerca de la casa había bosque, un lago que en invierno se congelaba y patinaba. La escuela a la que iba, pública, era hermosa. El método de enseñanza era activo, lo cual me fascinaba. Era la típica escuela gringa, pero me encantaba. La escuela estaba entre dos campos enormes donde se podía jugar futbol soccer, pero también futbol americano y béisbol.

Cuando tuvimos que regresarnos, yo no quería, y aún pienso que me gustaría regresar a vivir allá con mi familia. Mis años más sanos física y mentalmente. Se dice mucho sobre la cultura yanqui, pero lo cierto es que para mí ha sido la experiencia más importante de mi vida.

"This vagabund shoes are longing to stray...."