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6.11.09

Una cadena muy viva

Tocan a la puerta. Son las 8 de la mañana. Un señor busca al "señor de la casa". "¿Qué se le ofrece?", le preguntan. "Necesito hablar con el dueño de esta casa porque quiero demandarlo porque su cadena lastimó mi coche", responde el señor de la calle. Sale el dueño de la casa y escucha atentamente los argumento bajo los cuales él está convencido de que el dueño de esa cadena, presumiblemente el mismo que posee la casa, debe pagarle los daños que su automóvil presenta por "causa" de la cadena. Antes de regresar a su casa, el dueño de la cadena y de la casa, le dice al señor de la calle y del automóvil dañado que si quiere levante la demanda; mientras, él hablará con su cadena para conocer las razones por las que fue tan insensible con su coche.

13.8.09

El morbo de leer

Considero que el acto de leer obecede, ante todo, a una condición morbosa. Leemos porque queremos enterarnos de lo que otra persona escribió, porque queremos hacernos de su conocimiento (o criticarlo), porque quiero enterarme de la historia que le podría suceder a cualquier persona. Es, por su puesto, algo vouyerista. Una condición, ¿cultural?, al estilo Big Brother. Pero hay niveles. Este morbo puede quedarse sólo en las líneas que su autor escribió para acceder a sus pensamientos y emociones. También puede traspasar los límites mismos del libro. Yo, por ejemplo, soy un vouyerista empedernido. Me encanta observar. Me encanta leer libros. Me encanta leer los subrayados y comentarios de alguien más sobre un libro. Me encanta adivinar el porqué subrayó ese enunciado en particular o tal palabra y el porqué de la anotación. Me encanta saber el modo de señalar de cada quien: algunos ponen asteriscos, otros flechas, otros líneas horizontales (dos, tres), otros escriben ¡WOW!, otros numeran, etcétera. Qué bonito es el morbo de leer.

12.8.09

Felicidad transitoria

No creo que la felicidad sea transitoria, pero la que vivo en este momento lo es. No puede ser de otra manera una felicidad cuyo sustento es un resultado deportivo y un encuentro intelectual. Sin embargo, aún vibran los núcleos de mis células. ¿Y qué sucedió? Por la mañana Gilles Lipovetsky dio una charla en la Universidad Panamericana. Asistí. Terminando su charla tuve la oportunidad de entrevistarlo y me firmó los cuatro libros que de él tengo. ¡Wow! Dos horas después del encuentro con el filósofo francés jugó la selección mexicana de futbol contra su similar estadounidense. Aunque a los 8 minutos perdían los mexicanos 1-0, los jugadores lograron remontar el marcador para terminar con un grato 2-1 a favor de México. Futil, pero cierto.