4.12.07

El Autista

Hace un par de años aproximadamente, me bautizaron con el mote de Autista. De cariño terminaron por decirme "El Autist". Al principio me parecía exagerado el apodo pues no me consideraba tan distante de los seres humanos.

La historia comienza cuando me cambian de ubicación en el trabajo anterior. El lugar al cual llegué era como una caballeriza, muy al estilo de las oficinas de hoy en día, 11 personas trabajando en el mismo lugar con un escritorio representativo donde cada uno tiene su computadora para llevar a cabo las tareas encomendadas. Como ustedes ya bien saben, me gusta, entre otras cosas, el metal, rock y una variedad de música. A mí me gusta trabajar con música --de hecho ahora mismo lo hago. En mi primer día decidí que escucharía lo que todos escuchan. Así lo intenté. La realidad fue que no aguanté, no logré soportar cuando una compañera puso a una cantante de pop mexicano (Daniela Romo) y similares. En ese momento tomé la decisión. A partir del siguiente día escucharía mi música con audífonos. Así fue.

Llegué al otro día, me senté en mi lugar de trabajo y enchufé los audífonos a mis oídos desenchufándome del resto de las conversaciones y gustos musicales de los demás. Así me gané el mote de "El Autist". Entonces me puse a pensar sobre ello y llegué a la conclusión de que siempre he sido un poco así, alejado de los barullos. En la carrera recuerdo que cuando teníamos horas libres yo prefería, en lugar de salir a convivir con el resto de mis compañeros, donde tengo grandes amigos, quedarme en el salón leyendo, escribiendo o jugando ajedrez con algún otro "Autista".

Lo diré de otra manera: socializar me gusta, pero a ratos y soy muy celoso de lo que me gusta. Me platican mis papás y familia que desde pequeño era así. La gente a la que quería, una tía, mi bisabuela y demás, las apartaba --a los 2 años de edad-- del resto que convivían en familia para llevarla a una recámara, cerrar la puerta y allí jugar con esa persona. Con mis amigos también, si estoy con ellos no me gusta mucho que haya gente que desconozco a mi alrededor. De novio hacía lo mismo, me encerraba con mis parejas en mi recámara, le ponía seguro a la puerta y listo. Hoy también lo hago, me gusta estar con mi esposa y ahora con mi hijo.

Lo más curioso de esta anécdota es que mi hijo parece haber heredado ese gen, pues cuando asistimos a fiestas infantiles él juega solo. Rara vez lo hace con otros niños. En el momento que encuentra con qué entretenerse, se olvida de lo demás. Puede haber un mundo alrededor de él --de niños y adultos-- y él no se inmuta si ya encontró el objeto de su diversión.

Me parece que esto de ser "Autista" es una manera de ser selectivo. Tal vez no tenga nada de malo.

4 comentarios:

fotómetro dijo...

Yo creo que no tiene nada de malo, sino todo lo contrario. Ha de ser muy bonito verse reflejado en un hijo.
Cada quien tiene sus cosas, qué le vamos a hacer.

La interrogación dijo...

Pues estoy contigo. Es una forma de ser selectivo y único. No hay que seguir siempre lo que hacen, dichen u oyen los demás.
Besos

Revista Calma ¡Participa! dijo...

Vivimos en un dificil equilibrio. Necesitamos a la gente pero a la vez no suelen fastidiar.

Jesus

Mallén dijo...

Nada. No tiene nada de nada de malo. Ser celoso en exceso con tu metro cuadrado es saber delimitarte a tí mismo, y es una virtud. Me apesta la gente excesivamente "expansiva"... se entiende?