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11.2.10

Alegoría del Carro alado

"Sobre su inmortalidad, pues, basta con lo dicho. Acerca de su idea debe decirse lo siguiente: descubrir cómo es el alma sería cosa de una investigación en todos los sentidos y totalmente divina, además de larga; pero decir a qué es semejante puede ser el objeto de una investigación humana y más breve; procedamos, por consiguiente, así. Es, pues, semejante el alma a cierta fuerza natural que mantiene unidos un carro y su auriga, sostenidos por alas. Los caballos y aurigas de los dioses son todos ellos buenos y constituidos de buenos elementos; los de los demás están mezclados. En primer lugar, tratándose de nosotros, el conductor guía una pareja de caballos; después, de los caballos, el uno es hermoso, bueno y constituido de elementos de la misma índole; el otro está constituido de elementos contrarios y es él mismo contrario. En consecuencia, en nosotros resulta necesariamente dura y difícil la conducción.


Hemos de intentar ahora decir cómo el ser viviente ha venido a llamarse "mortal" e "inmortal". Toda alma está al cuidado de lo que es inanimado, y recorre todo el cielo, revistiendo unas veces una forma y otras otra. Y así, cuando es perfecta y alada, vuela por las alturas y administra todo el mundo; en cambio, la que ha perdido las alas es arrastrada hasta que se apodera de algo sólido donde se establece tomando un cuerpo terrestre que parece moverse a sí mismo a causa de la fuerza de aquella, y este todo, alma y cuerpo unidos, se llama ser viviente y tiene el sobrenombre de mortal. En cuanto al inmortal, no hay ningún razonamiento que nos permita explicarlo racionalmente; pero, no habiéndola visto ni comprendido de un modo suficiente, nos forjamos de la divinidad una idea representándonosla como un ser viviente inmortal, con alma y cuerpo naturalmente unidos por toda la eternidad. Esto, sin embargo, que sea y se exponga como agrade a la divinidad. Consideremos la causa de la pérdida de las alas, y por la que se le desprenden al alma. Es algo así como lo que sigue.

La fuerza del ala consiste, naturalmente, en llevar hacia arriba lo pesado, elevándose por donde habita la raza de los dioses, y así es, en cierto modo, de todo lo relacionado con el cuerpo, lo que en más grado participa de lo divino. Ahora bien: lo divino es hermoso, sabio, bueno, y todo lo que es de esta índole; esto es, pues, lo que más alimenta y hace crecer las alas; en cambio, lo vergonzoso, lo malo, y todas las demás cosas contrarias a aquellas, las consume y las hace perecer. Pues bien: el gran jefe del cielo, Zeus, dirigiendo su carro alado, marcha el primero, ordenándolo todo y cuidándolo. Le sigue un ejército de dioses y demonios ordenado en once divisiones pues Hestia queda en la casa de los dioses, sola. Todos los demás clasificados en el número de los doce y considerados como dioses directores van al frente de la fila que a cada uno ha sido asignada. Son muchos en verdad, y beatíficos, los espectáculos que ofrecen las rutas del interior del cielo que la raza de los bienaventurados recorre llevando a cabo cada uno su propia misión, y los sigue el que persevera en el querer y en el poder, pues la Envidia está fuera del coro de los dioses. Ahora bien, siempre que van al banquete y al festín, marchan hacia las regiones escarpadas que conducen a la cima de la bóveda del cielo. Por allí, los carros de los dioses, bien equilibrados y dóciles a las riendas, marchan fácilmente, pero los otros con dificultad, pues el caballo que tiene mala constitución es pesado e inclina hacia la tierra y fatiga al auriga que no lo ha alimentado convenientemente. Allí se encuentra el alma con su dura y fatigosa prueba. Pues las que se llaman inmortales, cuando han alcanzado la cima, saliéndose fuera, se alzan sobre la espalda del cielo, y al alzarse se las lleva el movimiento circular en su órbita, y contemplan lo que está al otro lado del cielo.

A este lugar supraceleste, no lo ha cantado poeta alguno de los de aquí abajo, ni lo cantará jamás como merece, pero es algo como esto -ya que se ha de tener el coraje de decir la verdad, y sobre todo cuando es de ella de la que se habla-: porque, incolora, informe, intangible esa esencia cuyo ser es realmente ser, vista sólo por el entendimiento, piloto del alma, y alrededor de la que crece el verdadero saber, ocupa, precisamente, tal lugar. Como la mente de lo divino se alimenta de un entender y saber incontaminado, lo mismo que toda alma que tenga empeño en recibir lo que le conviene, viendo, al cabo del tiempo, el ser, se llena de contento, y en la contemplación de la verdad, encuentra su alimento y bienestar, hasta que el movimiento, en su ronda, la vuelva a su sitio. En esta giro, tiene ante su vista a la misma justicia, tiene antes su vista a la sensatez, tiene ante su vista a la ciencia, y no aquella a la que le es propio la génesis, ni la que, de algún modo, es otra al ser en otro -en eso otro que nosotros llamamos entes-, sino esa ciencia que es de lo que verdaderamente es ser. Y habiendo visto, de la misma manera, todos los otros seres que de verdad son, y nutrida de ellos, se hunde de nuevo en el interior del cielo, y vuelve a su casa. Una vez que ha llegado, el auriga detiene los caballos ante el pesebre, le echa pienso y ambrosía, y los abreva con néctar.

Tal es pues la vida de los dioses. De las otras almas, la que mejor ha seguido al dios y más se le parece, levanta la cabeza del auriga hacia el lugar exterior, siguiendo, en su giro, el movimiento celeste, pero, soliviantada por los caballos, apenas si alcanza a ver los seres. Hay alguna que, a ratos, se alza, a ratos se hunde y, forzada por los caballos, ve unas cosas sí y otras no. Las hay que, deseosas todas de las alturas, siguen adelante, pero no lo consiguen y acaban sumergiéndose en ese movimiento que las arrastra, pateándose y amontonándose, al intentar ser unas más que otras. Confusión, pues, y porfías y supremas fatigas donde, por torpeza de los aurigas, se quedan muchas renqueantes, y a otras muchas se les parten muchas alas. Todas, en fin, después de tantas penas, tiene que irse sin haber podido alcanzar la visión del ser; y, una vez que se han ido, les queda sólo la opinión por alimento. El porqué de todo este empeño por divisar dónde está la llanura de la Verdad, se debe a que el pasto adecuado para la mejor parte del alma es el que viene del prado que allí hay, y el que la naturaleza del ala, que hace ligera al alma, de él se nutre. Así es, pues, el precepto de Adrastea. Cualquier alma, que, en el séquito de lo divino, haya vislumbrado algo de lo verdadero, estará indemne hasta el próximo giro y, siempre que haga lo mismo, estará libre de daño. Pero cuando, por no haber podido seguirlo, no lo ha visto, y por cualquier azaroso suceso se va gravitando llena de olvido y dejadez, debido a este lastre, pierde las alas y cae a tierra".

(Platón, Fedro, 246 d-248 d)

30.7.07

Hombre, Ser y Verdad

Hoy por la mañana que venía para mi trabajo en metro leía La esencia de la verdad de Heidegger. El texto original está en alemán --Von Wesen der Wahrheit-- pero dado que no he continuado con el estudio de esa lengua tan hermosa, tengo que remitirme a la traducción de Ted Sadler, The Essence of Truth, la cual hasta el momento me parece ha buscado respetar en gran medida el original. Justo cuando el metro estaba por arribar a la estación donde debo descender para llegar a mi trabajo me topé con la siguiente línea: "Man is the being that understands being and exists on the basis of this understanding". (Heidegger, 2002, pág. 57). Traduzco: El hombre es el ser que comprende el ser y existe sobre la base de este entendimiento.

Contextualizo para evitar confusiones y divergencias. Este texto de Heidegger analiza dos diálogos platónicos: La Alegoría de la Caverna del libro VII de la República y el Teeteto. Busca en cada uno de ellos la respuesta sobre lo que es la verdad, aletheia en griego. La primera parte se centra en lo que podría ser el texto platónico más famoso y, probablemente, el más leído. La interpretación heideggeriana del mismo hasta el momento ha sido sumamente reveladora. Su disertción me parece es de las mejores que se ha realizado sobre este texto.

A la luz de descubrir cuál es la esencia de la verdad, Heidegger rastrea en el texto platónico las pautas que revelen algo sobre la misma. Dentro de este mismo contexto, se pregunta por la relación entre idea --Forma-- y luz; entre luz y libertad; entre libertad y seres, y cuál es la esencia de la verdad desde la perspectiva del des-ocultamiento (¿revelación?) --unhiddenness-- al surgir de la unidad de estas relaciones. (Ibid, pág. 34).

Al ir develando cada una de las respuestas a estas preguntas llega a una última que resulta cardinal en el comprendimiento de la verdad: ¿Cuál es la esencia del hombre? ¿Qué entendemos por humano? De la respuesta que demos a estas dos preguntas dependerá la conclusión sobre la verdad a la que lleguemos. De acuerdo con el alemán, y hasta donde llevo leído del texto, lo esencial siempre será imposible de probar, o, dicho de otro modo, queda fuera de la esfera de la probidad y de la no-probidad. "What is provable is already dubious in respect of essentiality", sentencia Heidegger. (Ibid, pág. 56-57)

Esto arroja un inminente cestionamiento: Si lo esencial es imposible de ser probado, ¿cómo puedo asirme de la verdad? Nuevamente, la respuesta está en nosotros mismos. La esencia de las cosas y, por lo tanto, la verdad de ellas, no está en el exterior, sino en el ser humano. Si estuviera en las cosas, la verdad sería un objeto, la esencia sería objetivable, cuantificable, pero no lo es. La verdad es cognoscible, mas no cuantificable. Ahora bien, no por el hecho de estar en nosotros, la verdad es subjetiva. De hecho, es un rotundo error pensar que lo es. Si lo fuera, sería imposible que al leer este texto entendieran cada una de las palabras que estoy redactando e, incluso, que la verdad no es subjetiva.

Al leer "la verdad no es subjetiva" habría quien podría entender que dije que "la verdad es subjetiva" o que "la verdad es un árbol". Incluso, que "la verdad no existe" o cualquier otra cosa que en ese momento mentalmente los invada. La realidad es que no sucede así. Leen "la verdad no es subjetiva" y comprenden perfectamente el sentido de la oración y de cada una de las palabras allí escritas. Sin embargo, la verdad no está en las palabras, como tampoco en ustedes como sujetos cognoscentes, sino en la simbiosis que se lleva a cabo entre las palabras y su capacidad para conocer.

Dicho lo anterior, ¿quiénes son capaces de verdad? Esta duda aparece casi instantáneamente. ¿Los animales pueden conocer la esencia de las cosas? Al parecer pueden diferenciar entre el agua y la comida, entre la sed y el hambre y muchas otras cosas más, pero, ¿es posible afirmar que conocen verdad? Me parece que no. La verdad es poder descubrir lo que está oculto. Mi perro, por ejemplo, puede saber quién soy, a saber su amo, quien lo alimenta, saca a pasear y quiere, pero no sabe en realidad quién soy. Y además, jamás se lo preguntará. No es propio de él dicho ejercicio intelectual.

"Truth is neither somewhere over man (as validity in itself), nor is it in man as a physical subject, but man is 'in' the truth. Truth is something greater than man. The latter is in the truth only if, and only in so far as, he masters his nature, holds himself within the unhiddenness of beings, and comports himself to this unhiddenness". (Ibid, pág 55). No basta con nacer con la capacidad intelectual para adquirir verdad. Es un proceso continuo de educación, una habilidad que radica en nosotros mismos, pero que debe ser activada. De lo contrario, podemos pasar el resto de nuestra vida percibiendo cosas, pero nunca logrando aprehendiéndolas. El des-ocultamiento de la realidad será posible cuando hayamos violentado nuestra naturaleza hacia dicha condición.

Considero que esta interpretación de la verdad realizada por Heidegger a partir del texto de Platón supera la definición aristotélica que reza que ésta es "la adecuación del intelecto con la verdad". Aclaro que no la elimina, pero sí profundiza más en lo que es la verdad. La definición de Aristóteles nos permite evitar el relativismo filósofico, pero la definición que Heidegger extrajo de la Alegoría de la Caverna profundiza en lo que es.

Si, entonces, "El hombre es el ser que comprende el ser y existe sobre la base de este entendimiento", queda establecida una relación intrínseca entre Verdad, Ser y Hombre. Para pensar en uno hay que pensar en el otro. Las divisiones lógicas surgidas de la capacidad analítica de todo ser humano deben servir sólo para comprender mejor la integralidad que poseen estos tres conceptos. ¡Cuánto placer puede generar encontrar una verdad!

1.6.07

El Uno y el Todo


En el cielo de Indra hay una red de perlas de tal forma ordenadas que si miras a una, ves a todas las demás reflejadas en ella. Del mismo modo, cada objeto del mundo no es sólo él mismo, sino que incluye a todos los demás objetos y es, de hecho, todos los demás [...Y dentro de la Torre de Indra...] hay también cientos de miles de torres [o Universos], cada una de las cuales está tan exquisitamente adornada como la Torre principal misma y tan espaciosa como el cielo. Y todas estas torres, más allá de lo que en número podría calcularse, no se molestan en absoluto unas a otras; cada una preserva su existencia individual en perfecta armonía con todo el resto; no hay aquí nada que impida a una torre estar fusionada con todas las demás individual y colectivamente; hay un estado de perfecta entremezcla y, sin embargo, de perfecta ordenación. Sudhana, el joven peregrino, se ve él mismo en todas las torres y en cada una de ellas, donde el todo está contenido en cada una y cada una está contenida en el todo. (Sutra Avatamsaka).

Este texto budista me parece que muestra claramente la influencia que los occidentales le debemos a Oriente. En primer lugar, una lectura atenta me remite al Parménides de Platón donde se trata sobre la posibilidad lógica de la coexistencia del Uno y el Todo simultáneamente y como uno mismo; donde al estar en todas partes nunca pierde su Unidad. Por otro lado, es posible notar la Teoría del Caos expresada metafóricamente. Lo cierto es que entre más conocemos a los otros, a las demás culturas, nos percatamos de que las diferencias radicales responden más a una ilusión fabricada por el poder, que a un hecho real.

23.5.07

Tres aproximaciones a la idea de la muerte

Aproximación cómica

Ayer por la noche -aunque debería decir madrugada pues era la 1am- prendí la tele para relajarme del día y poder dormir. Justo estaba por iniciar uno de mis programas favoritos, According to Jim. Decidí que lo vería y me enfundaría en las sábanas. Comienza el programa: Jim está ordenando la casa y dejando todo impecable. Sus hijos, asombrados, le preguntan qué le pasa, él no es así. Jim contesta que quiere que la casa luzca impecable pues Cheryl, su esposa, regresará pronto del funeral del tío Donald y seguro estará triste. Una de sus hijas intrépidamente le pregunta: "¿Qué sucede después de que uno muere?" Con naturalidad y aires de sapiencia Jim le responde que la gente llora mucho y luego vende la ropa. La verdad es que la respuesta de Jim no está alejada de lo que los seres humanos solemos hacer. Yo tengo mucha ropa de parientes cercanos, lejanos y no parientes que ha llegado a mi clóset. Lo que es una verdad contundente es que la gente llora mucho.

Aproximación filosófica

Sócrates fue condenado a muerte bajo los cargos de corromper a la juventud y de impiedad, el cual se dividía en que no creía en los dioses de la ciudad al mismo tiempo que introducía nuevos dioses. En la Apología de Sócrates se muestra que los argumentos de Anito, Melito y Licón son infundados y la verdadera razón para condenarlo era el peligro intelectual que representaba para las élites en el poder. En el Fedón se describe el momento en el que bebe la cicuta, el veneno que lo mataría. Sócrates está en una celda charlando con sus amigos sobre la inmortalidad del alma. En eso entra Jantipa, su esposa, echa un mar de lágrimas y gritando desesperadamente. Sócrates pide que se la lleven pues desea pasar sus últimos momentos con sus amigos en paz, sin los aspavientos de su mujer. Critón, preocupado por su maestro, le sugiere que se escape, que incluso ya sobornó a un guardia para que pueda irse y seguir viviendo. La integridad de Sócrates se muestra cuando éste comenta que en primer lugar no se irá de allí pues si no puede hacer filosofía allí en Atenas, no le interesa hacerla en otro lugar y dejar de hacer filosofía no puede ser una opción. Además, menciona, no hay que temer la muerte y sentencia: "La filosofía es una preparación para la muerte" (66e). Aquél filósofo que tema a la muerte no ha comprendido lo que es la Verdad. “¿Consideramos que la muerte es algo? [...] ¿Acaso es otra cosa que la separación del alma del cuerpo? ¿Y el estar muerto es esto: que el cuerpo esté solo en sí mismo, separado del alma, y el alma se quede sola en sí misma separada de cuerpo? ¿Acaso la muerte no es otra cosa sino esto?” (Fedón, 66c y ss.). Y más adelante agrega: "[...] y entre éstos, los que se han purificado suficientemente por medio de la filosofía, viven absolutamente sin cuerpo por todo el tiempo siguiente y llegan a moradas aún más bellas que las anteriores, que no es fácil describir ni alcanza ahora el tiempo. [...] es necesario no ahorrar esfuerzo para participar, durante la vida de la virtud y la sabiduría. Bella es, en efecto, la recompensa, y grande la esperanza” (Fedón, 114c). Interesante. Dado que un filósofo busca en su vida la verdad debe comprender que ésta no será hallada en plenitud aquí sino cuando el alma haya logrado librarse del encarcelamiento del cuerpo.

Aproximación vivencial

Hace ya varios años murió mi padrino de bautizo. De él aprendí a apreciar mejor la música, a Remedios Varo, el gusto por la traducción (él se dedicaba a traducir del inglés al español manuales de medicina y muchas otras cosas más), los bóxer (siempre lo recuerdo con sus dos perros junto a él) y muchos buenos modales. Conviví poco con él pero me llevé buenas cosas de las ocasiones en las que estaba en su compañía. El velorio lo llevamos a cabo en una funeraria cerca de Bucarelli. Como suele ser costumbre, la gente cercana al difunto se aproxima al féretro para charlar unos momentos con él. Nunca antes lo había hecho. Me acerqué para agradecerle por todo lo que de él había aprendido. Me llevé una impresión bastante fuerte al verlo. Nunca antes había visto un muerto. La imagen que inmdiatamente me vino a la mente fue la de un muñeco de cera. Quedé pasmado ante la inanimación de quien un día antes aún era mi tío. "¡Wow!", pensé, "este cadáver definitivamente está exento de alma". No sé si el alma sea la que realmente nos otorga la animación como afirmaba Aristóteles, pero es un hecho que al morir no sólo tu cuerpo físico deja de funcionar. Estoy convencido -y al ver a mi tío confirmé mi convencimiento- que los seres humanos poseemos alma y que al morir se desprende del cuerpo y vaga en otra dimensión. Seguro esuchó mis pensamientos y pudo ver a todos los que estuvimos allí cuando él ya no era ese cuerpo.

12.4.07

Movimiento

¿Quién puede negar que somos movimiento? Hace ya muchos siglos Heráclito lo decía: Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. Tanto uno como el río han cambiado. A raíz de eso se desató un problema fundamental en la filosofía. Si todo se mueve y nada permanece, ¿cómo concebir y adquirir una verdad? ¡Qué afirmación tan fuerte! Yo no soy el mismo que era hace simplemente un segundo. De hecho, ni siquiera soy el mismo que hace una milésima de segundo y así puedo irme ad infinitum porque los números me lo permiten (se percataron de eso también, ni siquiera las matemáticas lograrían sentar una base absoluta). ¿A poco no les corre adrenalina por las venas al pensar en esto?

Contemporáneo a Heráclito era Parménides, quien afirmaba exactamente lo opuesto. Afirma ante todo el Ser y rechaza tajantemente al devenir, al movimiento. Este último simplemente es una ilusión, porque la realidad Es. Y el Ser no puede No Ser. Pero el cambio, el movimiento, el devenir implica No Ser. Por lo tanto, hay una contradicción entre Ser y No Ser. De allí que el No Ser, el devenir, sea una ilusión. El Ser no puede dejar de ser, pues esto sería contra natura.

Posterior a ellos dos llegó Platón con la intención -y grandes avances en su persecución- de integrar ambas posturas. En el diálogo Parménides lleva a cabo el famoso parricidio al aceptar que el Uno es, pero que también participa de otros. Pues el Uno es al mismo tiempo Uno y Muchos. Es un diálogo apasionante.

El ejercicio intelecutal para amalgamar ambos teorías es generoso. Además, real. Como afirma Heráclito, existe el devenir, el cambio, el movimiento, la mutación. Pero como también señala Parménides, a partir del devenir no puedo construir el Ser, algo que también puedo notar. La Realidad Sensible muta, mientras que la Inteligible no. No hay esquizofrenia aquí. Es una misma Realidad comprendida desde dos perspectivas, los cinco sentidos y la razón. Lo imposible se manifestó.

¿Qué pasa, por ejemplo, con la oruga? Recordando las clases de ciencias naturales de la primaria sabemos que se convierte en una crisálida que a su vez se metamorfoseará en mariposa. ¿Es esta mariposa la oruga? Evidentemente no, pero sin la oruga no hubiera existido la mariposa. ¿Qué de la oruga está presente en la mariposa? El cambio es innegable; no así la permanencia.

Traslado el ejemplo a algo más cercano. Nosotros. Al ser concebidos apenas somos dos semillas aceptándose. A partir de ese momento comienza la mitosis y meiosis y tras nueve meses de formación salimos expulsados hacia el mundo exterior. Vamos creciendo -bebé, niño, adolescente, joven, adulto, anciano- hasta que llega el momento en el que nos morimos. En este momento no me interesa detenerme en la muerte (tema que también me encanta y ya he tratado aquí previamente). ¿Cómo es que soy el mismo al ser el embrión que el cadáver que está en el féretro? No hay una similitud, como tampoco la hay absolutamente entre el bebé que vemos en las fotos y el adolescente. Sin embargo, estamos seguros de ser la misma persona.

¿Cómo resolver el tema de la identidad? ¿Cómo saber que yo soy yo y siempre he sido yo? ¿Cómo lo sabes tú? ¿Lo sabes? ¿Estás seguro?

Se comenta que el primer gran trauma que el ser humano posee es el nacimiento. También creo que es el primer gran cambio que experimentamos. Seguro es más cómodo permanecer en el vientre materno por años, pero eso sería imposible, pues moriríamos. El exterior es agresvio, violento, frío y doloroso, pero necesario. Sólo así podemos mantener el Ser. Curiosamente, no podemos dejar de movernos, pues sólo así lo conservamos absolutamente.

9.4.07

Maquillaje rima con camuflaje

Como bien pudieron haberlo notado ya algunos de mis lectores -sobre todo aquellos versados en filosofía o con una prodigiosa memoria preparatoriana- tengo a Platón en gran estima. Sus diálogos me parecen fascinantes. Es posible encontrar en cada uno de ellos mucha sabiduría, sobre todo, si tomamos en cuenta que las conclusiones de los mismos han de ser propias. Este detalle resulta molesto para algunos pero profundamente enriquecedor para otros. Pienso que al Platón hacer eso está siendo congruente con su teoría. La verdad, comenta en el libro VII de la República no ha de ser contemplada en directo, sino como lo hacemos con el sol, primero debemos entrenar a nuestro ojo a verlo por medio de los reflejos en un lago, un río, el agua. De lo contrario, como una Medusa, la verdad nos petrificaría. Esta afirmación también me recuerda a Gorgias quien afirmaba que "Nada existe. Si existe, el ser humano no lo podría conocer. Si lo pudiera conocer, sería incomunicable". Ergo, nadie te puede revelar una verdad; es menester que individualmente la concluyamos a partir de los reflejos que vayamos encontrando en la vida.

Conforme me fui acercando más y más al pensamiento de Platón me fui dando cuenta que compartía con él gran parte de sus sistema. En particular hay una parte con la que comulgo absolutamente. El Mundo Inteligible versus el Mundo Sensible; las Formas versus las Copias. Sin saberlo, desde pequeño prefería lo original sobre lo que parecía original. De adolescente mantuve esa postura y la sigo defendiendo.

Me gusta apreciar las cosas y todo lo que me rodea en su forma más natural. Creo que hasta cierto punto soy un naturalista, pero aún no lo sé del todo. Mi concepción de belleza apunta hacia contemplar la belleza natural sin distraerme en accidentes superficiales que puedan llegara a presentarse. Pienso que una mujer es bella en sí misma. Considero que factores externos tales como los tintes para cabello, el maquillaje, las uñas postizas son meros distractores -ni qué decir de toda la cirugía estética que rodea al mundo hoy- que impiden apreciar la belleza de cualquier mujer al natural.

Todos estos artilugios son simplemente un camuflaje que utilizan, pero que no necesitan. Mi postura es que prefiero que me guste una mujer por su belleza natural a que lo haga por un rubor, un color de billet, un delineador o un tono de cabello que no le pertenece. Indudablemente la belleza interna se mantiene, pero me parece que debe existir un equilibrio entre ambas. El maquillaje no debe sobreponer la belleza natural al grado de hacer de una persona otra (salvo que se trate de una obra de teatro o una película donde el personaje que se interpreta lo requiera así).

Pero tal vez haya por estos lares alguna dama que me explique mejor el por qué de la necesidad de untarse algo para aparentar belleza y atracción. Sé de algunas aves que utilizan su vistoso plumaje para atraer a su pareja. Sin embargo, el plumaje forma parte de su naturaleza. ¿Por qué entonces el ser humano busca en el exterior para atraer a alguiern a su interior?

9.2.07

La impermanencia

Antier por la noche me enteré de que un alumno que tuve cuando daba claess en prepa se había suicidado. ¡Madres!, pensé. ¿Qué pasa por la cabeza de un chavo de 16-17 años para llevar a cabo un acto como ese? Comencé a recordar cómo era él como alumno. No era brillante, era diferente a los demás, muy introvertido, con problemas como todos los adolescentes pero no había nada que a mí me dijera que tenía una depresión tal que lo llevara un día a buscar quitarse la vida. Y probablemente no la tenía en ese momento. Tal vez un desamor, una distorsión de la realidad o una curiosidad. No lo sé. Comencé a pensar en varias cosas.

Una de las cosas que pensé es que ahora él sabe lo que es estar del otro lado, en ese otro plano existencial. Tal vez me está viendo en este momento, me decía a mí mismo. Tal vez, incluso, pueda leer mis pensamientos antes de que salgan de mi boca. Wow, al tomar una decisión tan difícil puede que haya adquirido habilidades para nosotros desconocidas. Qué interesante. Uno de mis profesores en la carrera alguna vez nos comentó que a él le gustaba leer al menos una vez al año la Apología de Sócrates y que después de haberlo leído tantas veces llegó a una conclusión: Sócrates no buscó huir de su condena porque tenía curiosidad, quería saber qué era la muerte. Tras leer el Fedón es posible agregar sustento a dicha idea: la filosofía es un preparse para la muerte. Los argumentos que desarrolla Platón en dicha obra para, en boca de Sócrates, explicar porque la muerte debe ser para todo filósofo un objetivo constante no los desarrollaré aquí. Sin embargo, la idea es muy interesante.

Para los budistas los Occidentales estamos muy poco preparados para morir. De hecho, la educación tanatológica es poca o prácticamente nula. Pero algo es muy cierto, nada en esta vida, en este mundo es permanente. Heráclito tenía razón: todo es movimiento. Basta un poco de observación para comprobarlo. Todos los días células de nuestro cuerpo mueren y otras nacen; a nivel celular nunca somos la misma persona. Todos los días los árboles pierden hojas y brotan retoños. Nuestra sangre se renueva a diario al igual que el aire. Incluso nuestros pensamientos están en movimiento a cada segundo (incluso dormidos). ¿Por qué entonces pensamos en la permanencia corporal, material como si fuera absoluta? Por salud mental y emocional debemos reconocer que todo lo que nosotros conocemos tiene principio y fin -nosotros incluidos.

Es frecuente asociar las pérdidas materiales con la muerte o la tragedia. Sin embargo, pienso que esto es debido a una cultura -la que vivimos- donde se exalta el cuerpo y los bienes materiales. El ser no es un objeto como una mesa; trasciende a ello. Liberar nuestras ataduras materiales en vida nos permitirá vivir una mejor muerte -en carne propia y en carne ajena. La huida del cuerpo de alguien no nos debería afectar tanto. Hay que educarnos en la muerte desde pequeños. No hay opción. Como ya lo he mencionado antes, es lo único que tenemos seguro: moriremos y también lo harán muchas personas que queremos y conocemos. Leyes de la vida.

Mientras escribí este texto escuchaba el Requiem de Berlioz. Dedico estas notas a quien ha trascendido en la impermanencia.

1.2.07

La memoria

El ser humano es un ser histórico, no hay duda sobre ello. Somos nuestro pasado, somos nuestros recuerdos. Sin embargo, como la historia misma, hay fragmentos del pasado que quisiéramos olvidar por el dolor que nos causan, ya sea por lo trágico que fue o por el placer que ya se fue.

El tiempo nos abruma y en ocasiones nos cuesta trabajo vivir con él. Pero la incertidumbre y ansiedad que nos produce es precisamente porque es algo que nosotros no podemos controlar. Simplemente transcurre. No nos pide permiso, no hay órdenes para detenerlo y regresar. Dudo si existen los gusanos de tiempo que nos pueden transportar a otros momentos de nuestra vida -previos o futuros. Ni siquiera sé si me gustaría hacerlo. Pienso que debemos aprovechar cada instante que vivimos y a través del presente vivir en la eternidad. Platón escribió que "el tiempo es la imagen móvil de la eternidad". Vaya que es una metáfora abstracta, profunda y cierta.

La memoria es la capacidad que tenemos para en el presente revivir esos momentos que han transcurrido. Sin embargo, a veces es doloroso; aunque muchas otras es muy placentero. La dualidad, otro elemento presente en el ser humano. Habremos de aprender a evitar los extremos y gozar lo que tenemos. Tal vez algún día lo sepa. Mientras tanto, seguiré disfrutando y padeciendo los estragos del ayer.