Descubrir al hacedor y padre de este universo es difícil, pero, una vez descubierto, comunicárselo a todos es imposible. (Platón, Timeo, 28c)
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25.9.07
1.6.07
El Uno y el Todo

En el cielo de Indra hay una red de perlas de tal forma ordenadas que si miras a una, ves a todas las demás reflejadas en ella. Del mismo modo, cada objeto del mundo no es sólo él mismo, sino que incluye a todos los demás objetos y es, de hecho, todos los demás [...Y dentro de la Torre de Indra...] hay también cientos de miles de torres [o Universos], cada una de las cuales está tan exquisitamente adornada como la Torre principal misma y tan espaciosa como el cielo. Y todas estas torres, más allá de lo que en número podría calcularse, no se molestan en absoluto unas a otras; cada una preserva su existencia individual en perfecta armonía con todo el resto; no hay aquí nada que impida a una torre estar fusionada con todas las demás individual y colectivamente; hay un estado de perfecta entremezcla y, sin embargo, de perfecta ordenación. Sudhana, el joven peregrino, se ve él mismo en todas las torres y en cada una de ellas, donde el todo está contenido en cada una y cada una está contenida en el todo. (Sutra Avatamsaka).
Este texto budista me parece que muestra claramente la influencia que los occidentales le debemos a Oriente. En primer lugar, una lectura atenta me remite al Parménides de Platón donde se trata sobre la posibilidad lógica de la coexistencia del Uno y el Todo simultáneamente y como uno mismo; donde al estar en todas partes nunca pierde su Unidad. Por otro lado, es posible notar la Teoría del Caos expresada metafóricamente. Lo cierto es que entre más conocemos a los otros, a las demás culturas, nos percatamos de que las diferencias radicales responden más a una ilusión fabricada por el poder, que a un hecho real.
9.2.07
La impermanencia
Una de las cosas que pensé es que ahora él sabe lo que es estar del otro lado, en ese otro plano existencial. Tal vez me está viendo en este momento, me decía a mí mismo. Tal vez, incluso, pueda leer mis pensamientos antes de que salgan de mi boca. Wow, al tomar una decisión tan difícil puede que haya adquirido habilidades para nosotros desconocidas. Qué interesante. Uno de mis profesores en la carrera alguna vez nos comentó que a él le gustaba leer al menos una vez al año la Apología de Sócrates y que después de haberlo leído tantas veces llegó a una conclusión: Sócrates no buscó huir de su condena porque tenía curiosidad, quería saber qué era la muerte. Tras leer el Fedón es posible agregar sustento a dicha idea: la filosofía es un preparse para la muerte. Los argumentos que desarrolla Platón en dicha obra para, en boca de Sócrates, explicar porque la muerte debe ser para todo filósofo un objetivo constante no los desarrollaré aquí. Sin embargo, la idea es muy interesante.
Para los budistas los Occidentales estamos muy poco preparados para morir. De hecho, la educación tanatológica es poca o prácticamente nula. Pero algo es muy cierto, nada en esta vida, en este mundo es permanente. Heráclito tenía razón: todo es movimiento. Basta un poco de observación para comprobarlo. Todos los días células de nuestro cuerpo mueren y otras nacen; a nivel celular nunca somos la misma persona. Todos los días los árboles pierden hojas y brotan retoños. Nuestra sangre se renueva a diario al igual que el aire. Incluso nuestros pensamientos están en movimiento a cada segundo (incluso dormidos). ¿Por qué entonces pensamos en la permanencia corporal, material como si fuera absoluta? Por salud mental y emocional debemos reconocer que todo lo que nosotros conocemos tiene principio y fin -nosotros incluidos.
Es frecuente asociar las pérdidas materiales con la muerte o la tragedia. Sin embargo, pienso que esto es debido a una cultura -la que vivimos- donde se exalta el cuerpo y los bienes materiales. El ser no es un objeto como una mesa; trasciende a ello. Liberar nuestras ataduras materiales en vida nos permitirá vivir una mejor muerte -en carne propia y en carne ajena. La huida del cuerpo de alguien no nos debería afectar tanto. Hay que educarnos en la muerte desde pequeños. No hay opción. Como ya lo he mencionado antes, es lo único que tenemos seguro: moriremos y también lo harán muchas personas que queremos y conocemos. Leyes de la vida.
Mientras escribí este texto escuchaba el Requiem de Berlioz. Dedico estas notas a quien ha trascendido en la impermanencia.
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