Ayer por la noche -aunque debería decir madrugada pues era la 1am- prendí la tele para relajarme del día y poder dormir. Justo estaba por iniciar uno de mis programas favoritos, According to Jim. Decidí que lo vería y me enfundaría en las sábanas. Comienza el programa: Jim está ordenando la casa y dejando todo impecable. Sus hijos, asombrados, le preguntan qué le pasa, él no es así. Jim contesta que quiere que la casa luzca impecable pues Cheryl, su esposa, regresará pronto del funeral del tío Donald y seguro estará triste. Una de sus hijas intrépidamente le pregunta: "¿Qué sucede después de que uno muere?" Con naturalidad y aires de sapiencia Jim le responde que la gente llora mucho y luego vende la ropa. La verdad es que la respuesta de Jim no está alejada de lo que los seres humanos solemos hacer. Yo tengo mucha ropa de parientes cercanos, lejanos y no parientes que ha llegado a mi clóset. Lo que es una verdad contundente es que la gente llora mucho.
Sócrates fue condenado a muerte bajo los cargos de corromper a la juventud y de impiedad, el cual se dividía en que no creía en los dioses de la ciudad al mismo tiempo que introducía nuevos dioses. En la Apología de Sócrates se muestra que los argumentos de Anito, Melito y Licón son infundados y la verdadera razón para condenarlo era el peligro intelectual que representaba para las élites en el poder. En el Fedón se describe el momento en el que bebe la cicuta, el veneno que lo mataría. Sócrates está en una celda charlando con sus amigos sobre la inmortalidad del alma. En eso entra Jantipa, su esposa, echa un mar de lágrimas y gritando desesperadamente. Sócrates pide que se la lleven pues desea pasar sus últimos momentos con sus amigos en paz, sin los aspavientos de su mujer. Critón, preocupado por su maestro, le sugiere que se escape, que incluso ya sobornó a un guardia para que pueda irse y seguir viviendo. La integridad de Sócrates se muestra cuando éste comenta que en primer lugar no se irá de allí pues si no puede hacer filosofía allí en Atenas, no le interesa hacerla en otro lugar y dejar de hacer filosofía no puede ser una opción. Además, menciona, no hay que temer la muerte y sentencia: "La filosofía es una preparación para la muerte" (66e). Aquél filósofo que tema a la muerte no ha comprendido lo que es la Verdad. “¿Consideramos que la muerte es algo? [...] ¿Acaso es otra cosa que la separación del alma del cuerpo? ¿Y el estar muerto es esto: que el cuerpo esté solo en sí mismo, separado del alma, y el alma se quede sola en sí misma separada de cuerpo? ¿Acaso la muerte no es otra cosa sino esto?” (Fedón, 66c y ss.). Y más adelante agrega: "[...] y entre éstos, los que se han purificado suficientemente por medio de la filosofía, viven absolutamente sin cuerpo por todo el tiempo siguiente y llegan a moradas aún más bellas que las anteriores, que no es fácil describir ni alcanza ahora el tiempo. [...] es necesario no ahorrar esfuerzo para participar, durante la vida de la virtud y la sabiduría. Bella es, en efecto, la recompensa, y grande la esperanza” (Fedón, 114c). Interesante. Dado que un filósofo busca en su vida la verdad debe comprender que ésta no será hallada en plenitud aquí sino cuando el alma haya logrado librarse del encarcelamiento del cuerpo.
Hace ya varios años murió mi padrino de bautizo. De él aprendí a apreciar mejor la música, a Remedios Varo, el gusto por la traducción (él se dedicaba a traducir del inglés al español manuales de medicina y muchas otras cosas más), los bóxer (siempre lo recuerdo con sus dos perros junto a él) y muchos buenos modales. Conviví poco con él pero me llevé buenas cosas de las ocasiones en las que estaba en su compañía. El velorio lo llevamos a cabo en una funeraria cerca de Bucarelli. Como suele ser costumbre, la gente cercana al difunto se aproxima al féretro para charlar unos momentos con él. Nunca antes lo había hecho. Me acerqué para agradecerle por todo lo que de él había aprendido. Me llevé una impresión bastante fuerte al verlo. Nunca antes había visto un muerto. La imagen que inmdiatamente me vino a la mente fue la de un muñeco de cera. Quedé pasmado ante la inanimación de quien un día antes aún era mi tío. "¡Wow!", pensé, "este cadáver definitivamente está exento de alma". No sé si el alma sea la que realmente nos otorga la animación como afirmaba Aristóteles, pero es un hecho que al morir no sólo tu cuerpo físico deja de funcionar. Estoy convencido -y al ver a mi tío confirmé mi convencimiento- que los seres humanos poseemos alma y que al morir se desprende del cuerpo y vaga en otra dimensión. Seguro esuchó mis pensamientos y pudo ver a todos los que estuvimos allí cuando él ya no era ese cuerpo.