27.3.07

El trece

Es curioso, pero ahora que he estado viajando he notado algo sumamente peculiar. Ya me lo habían comentado alguna vez, pero nunca presté demasiada atención. Seguro exageraban, pensaba. Pero no, es real. ¡Qué contradicción! ¡Es real la superstición hacia el número 13! En todos los hoteles donde me he hospedado tienen aversión por este número. No hay pisos trece, ni cuartos con el número trece. Tampoco en los aviones. De la fila 12 pasamos a la 14, así sin más, sin respetar el orden aritmético que los árabes descubrieron.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, la superstición es una "creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón". También la define como "fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo". Resulta increíble que empresarios tan poderosos como los hoteleros y las aerolíneas crean en la maldición del número trece; ellos que manejan el dinero y lo multiplican con sus métodos y estrategias, sucumben ante la falacia de la superstición. Increíble.

Sin embargo, parece más una leyenda que algo real. Si lo fuera, todos aquellos nacidos en el día 13 deberían suicidarse porque puros males les acecharán. Existen varias explicaciones sobre por qué el número trece es de mala suerte. Una dice que porque la suma de 1 más 3 es 4 y éste es un número maligno. Pongo en duda esta primera explicación, pues de ser cierta no tendríamos cuatro evangelistas y en estricto sentido el número de la mala suerte sería el 4, no el 13.

Otra explicación hace alusión a la última cena de Jesús. Se dice que estaban sentados a la mesa once apóstoles y Jesús cuando llegó Judas (el trece). Sin ebargo, la idea de que este número es de mal agüero se remonta a los griegos y a la mitología nórdica. Hesíodo prohíbe la siembra en los días trece por ser un mal día para hacerlo. Los nórdicos cuentan que la muerte de Baldo (dios de la luz) a manos de su gemelo Herder (dios la oscuridad) se debe al encuentro que tuvo Locki en el lugar de los juegos de los doce dioses siendo él el trece.

Dicen que en martes trece ni te endeudes ni te cases. El viernes trece está asociado al terror. El Apocalipsis, libro de la Revelación, curiosamente dedica el versículo 13 al Anticristo. Finalmente, en el Tarot la carta XIII es la asociada a la Muerte.

Anécdotas, coincidencias e historias, pero ningún argumento. No hay una pizca de lógica tras esta superstición (¿acaso tras alguna la hay?). Yo le agrego un nuevo elemento. Cualquier rey en la baraja francesa equivaldría al número trece de la carta. ¡Ay nanita! El rey es el mismísimo chamuco. Ahora ya saben, cuando jueguen póker o black jack, eviten esa carta infernal, ya ven que si logran llevarse la mano como consecuencia de su "fortuna", sólo estarán afirmando lo que los supersticiosos ya saben. Con razón se canta por allí: "Money, the root of all evil today".

22.3.07

No hay nada como volar

De niño una de mis fascinaciones, además de los deportes, eran los aviones. Tengo muy gratos recuerdos de cuando mi papá me llevaba a Hangares a ver aterrizar y despegar los aviones. ¡Increíble! De hecho, puedo presumir que me tocó la época del Concord. ¡Así es, me tocó ver y escuchar al Concord en vivo! A este maravilloso avión -al cual nunca pude subirme por obvias razones de mucho, pero mucho peso- lo vi aterrizar en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México. Todavía remembro la hora y el día de arribo de dicho avión: las 5 de la tarde de los sábados. Cuando no podía ir a verlo aterrizar subía a las 4:30 a la azotea de la casa y lo veía pasar por encima de mi cabeza.

En otra ocasión, cuando me subí en un avión para ir a Nueva York, viví una experiencia propia de película Hollywoodense. Recuerdo que la aerolínea era Eastern Airlines. Toda la familia, incluido mi primo, viajábamos a esa asombrosa ciudad cosmopolita también conocida como la Gran Manzana. El viaje tendría una escala en Carolina del Norte donde recogería a más pasajeros para de allí volar hasta nuestro destino. Todo sucedía de acuerdo a los planes cuando al despegar de Carolina del Norte se sintió un pequeño golpe debajo del avión. Yo iba sentado a la altura del ala derecha, junto con mi primo. Pasó.

Cuando estábamos por llegar a la Ciudad de los Rascacielos el piloto nos informó que al despegar de Carolina del Norte perdimos un tren de aterrizaje (ese fue el trancazo se se sintió). El plan era el siguiente: sobrevolar Nueva York -vi la Estatua de la Libertad como diez veces- hasta perder todo el combustible que traía el avión y, como recién había llenado su tanque, serían otras tres horas de vuelo aproximadamente. Una vez que el avión tuviera el mínimo de combustible intentaría un aterrizaje forzado en el Aeropuerto Internacional J.F.K. de la ciudad de Nueva York. Una vez comunicado esto, una azafata se desmayó y la tensión entre los pasajeros creció.

A mi papá, dado que iba sentado junto a una salida de emergencia, se le instruyó en la forma de abrir la puerta, accionar el tobogán y aventar a los pasajeros por el mismo. Todos debíamos quitarnos los zapatos a la hora de hacerlo. El riesgo más grande que corríamos era que la fricción que se generara entre el tren de aterrizaje roto y el pavimento pudiera desencadenar un incendio.

Se acercaba el momento de medir las habilidades del piloto para hacer aterrizar un avión que carecía de uno de sus trenes de aterrizaje. La preocupación aumentaba. La azafata logró volver en sí. El piloto enfilaba el avión hacia la pista de aterrizaje. Para cuando el avión estaba en la pista había camiones de bomberos, patrullas, ambulancias por todos lados, que iban a nuestro lado como si se tratara de una persecución. Fue realmente increíble. Afortunadamente no hubo necesidad de utilizar nada, pues el trabajo del piloto fue tan bueno que puedo decir que es el aterrizaje más suave que he sentido. Incluso le daría el calificativo de perfecto. ¡Vaya emoción! Yo tenía apenas 8 años.

A pesar de tal experiencia, mi gusto por volar no ha disminuido y cada que me subo a un avión recupero esa emoción infantil por lo desconocido; ese asombro por las cosas. Espero que pronto mi hijo también pueda vivir la experiencia de volar en un avión.

16.3.07

I'm back!

Amigos,

Por fin he vuelto. Debido a cuestiones laborales el último mes me la he pasado de pata de perro. He ido aquí y allá y más allá y más acá. Conocí lugares del país a los que nunca había ido y hubo cosas que me gustaron. Por ejemplo, en una semana visité Torreón y Guadalajara. Torreón es un lugar pequeño, con un gran atractivo que es el Cristo de las Noas. Es bastante impactante. De hecho, es el tercer Cristo más grande de Latinoamérica (desconozco si hay de estos cristos en otras partes del mundo). Está en la cima de un cerro y al llegar hay una iglesia y varias capillas que rodean una ladera del cerro. El ambiente queda permeado por la música sacra. Cantos gregorianos se escuchan por donde se camine. El lugar también sirve como mirador de la ciudad y lo curioso es que desde allí se pueden ver dos estados colindando: Durango y Coahuila. Recomiendo un restaurante en Torreón donde se come muy bien, se llama La Majada.

Luego viajé a Guadalajara. He de confesar que tengo un problema con esa ciudad y es que me parece que Guadalajara es la cuna del machismo mexicano. Los mariachis no son santo de mi devoción y el tequila nunca ha sido una bebida que aprecie mucho. Siempre preferiré la cerveza, aunque esto tal vez lo publique en otra ocasión. Lo que sí tengo que mencionar aquí es que en Guadalajara abunda la belleza femenina. No sé si no comen bien, padecen trastornos psicológicos o simplemente tienen una genética privilegiada, pero qué guapas son por allá las chamacas. En la Perla de occidente, como algunos le llaman, probé un platillo exótico delicioso: quesadillas de pétalos de rosa. ¡Qué delicia! El restaurante obligado cuando anden por allá es Sacro Monte. Excelente servicio y platillos suculentos.

Otro día viajé a León. La experiencia en el avión fue particular. Me fui en Aeromar, "La línea aérea ejecutiva de México", y vaya experiencia. Para comenzar les diré que son aviones de doble hélice. Cuando lo vi pensé que una turbulencia nos azotaría sin lugar a duda contra el piso. Para mi suerte, me tocó el asiento 1C, con la novedad de que sólo existen dos asientos de primera fila, 1C y 1D (evidentemente no existe la Primera Clase). Lo propio de mi lugar era que tuve la fortuna de observar al resto de los pasajeros durante la hora que dura el vuelo a León. Así es, mi asiento es volteado. León es una ciudad que me agradó bastante. Podría ser una buena opción en algún momento. Mi favorita sigue siendo Querétaro, pero León no desmerece.

Monterrey fue la siguiente escala. El clima estuvo muy agradable. El cielo despejado me permitía comprender empíricamente la razón del nombre de la ciudad. Montes por todos lados, aunque eso sí, pelones todos. Sin embargo, me parece que tienen su atractivo. Aquí tuve el gozo de hospedarme en un hotel que estaba frente a la vía del tren y, a diferencia de la ciudad de México, aquí sí pasa el tren de carga con harta frecuencia. El colmo fue cuando a las 3 de la madrugada escuché el pitido del tren -porque han de saber que además frente al hotel está el curce sin pluma, por lo que al tren no le queda otra opción que hacerse sonar para evitar que los automóviles se crucen. Que me despierto como bólido y al asomarme por la ventana comprobé que no era una pesadilla, el tren estaba efectivamente cruzando la calle. ¿A quién se le ocurre construir un hotel frente al cruce de un tren?

El último viaje fue a Hermosillo. Tiene su atractivo. El calor es sumamente seco. Es un lugar pequeño, de apenas un millón de habitantes. Pero no importa si hay pocos habitantes porque las habitantes son hermosas por allá. Es una belleza muy particular. La carne allí es sabrosísima. De comer pedí una arrachera que, además de gigante, estaba jugosa, rica. En otra ocasión fuimos a comer a un restaurante llamado Los Arbolitos. Allí venden mariscos, pero la carta de mariscos es realmente para asombrarse. Hay cosas que uno nunca había escuchado como Camarones a la Cordon Blue, Camarones Mignon, Machaca de Jaiba y muchos más que en este momento no recuerdo. Yo pedí los Camarones a la Cordon Blue y qué cosa tan deliciosa. Eran camarones empanizados, rellenos de jaiba y con una capa de queso gratinado en cima. Un par de cervezas Indio acompañó semejante exquisitez. De postre ordenamos unas Coyotas. Son unas galletas rellenas de piloncillo. Pídanlas, no se arrepentirán.

Lo que de estos viajes concluyo es que debería existir algún tipo de plan por parte del gobierno para que los mexicanos pudiéramos conocer mejor nuestro país. Todo tiene su belleza, todo su tradición. A ninguno de los lugares que fui me arrepiento de haberlo conocido. Tal vez de lo que más me arrepiento es de haber regresado a esta monstruosa ciudad.

13.2.07

Una muerte estelar

Es impresionante. Aquí hay otra muestra de la impermanencia: el universo. La imagen que ustedes están viendo es la de una estrella. Es hermosa y sublime. Tan solo imaginar que lo que estamos viendo debe tener sus cientos de miles de miles de kilómetros, que de un haz de luz al otro debe haber tal vez un par de años luz es motivo para que cualquiera quede atrapado con la imagen. Lo curioso es que algo que resulta tan bello conceptualmente genera tristeza. Estamos frente a una estrella que está muriendo, conocida como la Nebulosa de Hélix y que Pearl Jam utilizó como portada de su disco Binaural. ¿Es muy difícil imaginar que así es la muerte? De hecho, somos polvo estelar. Gracias a los miles de millones de millones de años de evolución de gases y materia cósmica nuestro planeta logró ser un lugar hóspito donde seres tan diversos han evolucionado siendo uno de dichos seres nosotros. ¿Por qué no entonces pensar que la muerte de un ser humano cósmicamente es tan bella como la de una estrella? Finalmente, algo del universo corre por nuestras venas.


*Sus comentarios ayudan a mantener vivo este blog y así evitar que muera.

9.2.07

La impermanencia

Antier por la noche me enteré de que un alumno que tuve cuando daba claess en prepa se había suicidado. ¡Madres!, pensé. ¿Qué pasa por la cabeza de un chavo de 16-17 años para llevar a cabo un acto como ese? Comencé a recordar cómo era él como alumno. No era brillante, era diferente a los demás, muy introvertido, con problemas como todos los adolescentes pero no había nada que a mí me dijera que tenía una depresión tal que lo llevara un día a buscar quitarse la vida. Y probablemente no la tenía en ese momento. Tal vez un desamor, una distorsión de la realidad o una curiosidad. No lo sé. Comencé a pensar en varias cosas.

Una de las cosas que pensé es que ahora él sabe lo que es estar del otro lado, en ese otro plano existencial. Tal vez me está viendo en este momento, me decía a mí mismo. Tal vez, incluso, pueda leer mis pensamientos antes de que salgan de mi boca. Wow, al tomar una decisión tan difícil puede que haya adquirido habilidades para nosotros desconocidas. Qué interesante. Uno de mis profesores en la carrera alguna vez nos comentó que a él le gustaba leer al menos una vez al año la Apología de Sócrates y que después de haberlo leído tantas veces llegó a una conclusión: Sócrates no buscó huir de su condena porque tenía curiosidad, quería saber qué era la muerte. Tras leer el Fedón es posible agregar sustento a dicha idea: la filosofía es un preparse para la muerte. Los argumentos que desarrolla Platón en dicha obra para, en boca de Sócrates, explicar porque la muerte debe ser para todo filósofo un objetivo constante no los desarrollaré aquí. Sin embargo, la idea es muy interesante.

Para los budistas los Occidentales estamos muy poco preparados para morir. De hecho, la educación tanatológica es poca o prácticamente nula. Pero algo es muy cierto, nada en esta vida, en este mundo es permanente. Heráclito tenía razón: todo es movimiento. Basta un poco de observación para comprobarlo. Todos los días células de nuestro cuerpo mueren y otras nacen; a nivel celular nunca somos la misma persona. Todos los días los árboles pierden hojas y brotan retoños. Nuestra sangre se renueva a diario al igual que el aire. Incluso nuestros pensamientos están en movimiento a cada segundo (incluso dormidos). ¿Por qué entonces pensamos en la permanencia corporal, material como si fuera absoluta? Por salud mental y emocional debemos reconocer que todo lo que nosotros conocemos tiene principio y fin -nosotros incluidos.

Es frecuente asociar las pérdidas materiales con la muerte o la tragedia. Sin embargo, pienso que esto es debido a una cultura -la que vivimos- donde se exalta el cuerpo y los bienes materiales. El ser no es un objeto como una mesa; trasciende a ello. Liberar nuestras ataduras materiales en vida nos permitirá vivir una mejor muerte -en carne propia y en carne ajena. La huida del cuerpo de alguien no nos debería afectar tanto. Hay que educarnos en la muerte desde pequeños. No hay opción. Como ya lo he mencionado antes, es lo único que tenemos seguro: moriremos y también lo harán muchas personas que queremos y conocemos. Leyes de la vida.

Mientras escribí este texto escuchaba el Requiem de Berlioz. Dedico estas notas a quien ha trascendido en la impermanencia.

1.2.07

La memoria

El ser humano es un ser histórico, no hay duda sobre ello. Somos nuestro pasado, somos nuestros recuerdos. Sin embargo, como la historia misma, hay fragmentos del pasado que quisiéramos olvidar por el dolor que nos causan, ya sea por lo trágico que fue o por el placer que ya se fue.

El tiempo nos abruma y en ocasiones nos cuesta trabajo vivir con él. Pero la incertidumbre y ansiedad que nos produce es precisamente porque es algo que nosotros no podemos controlar. Simplemente transcurre. No nos pide permiso, no hay órdenes para detenerlo y regresar. Dudo si existen los gusanos de tiempo que nos pueden transportar a otros momentos de nuestra vida -previos o futuros. Ni siquiera sé si me gustaría hacerlo. Pienso que debemos aprovechar cada instante que vivimos y a través del presente vivir en la eternidad. Platón escribió que "el tiempo es la imagen móvil de la eternidad". Vaya que es una metáfora abstracta, profunda y cierta.

La memoria es la capacidad que tenemos para en el presente revivir esos momentos que han transcurrido. Sin embargo, a veces es doloroso; aunque muchas otras es muy placentero. La dualidad, otro elemento presente en el ser humano. Habremos de aprender a evitar los extremos y gozar lo que tenemos. Tal vez algún día lo sepa. Mientras tanto, seguiré disfrutando y padeciendo los estragos del ayer.

IMSS

El sábado 20 de enero me lastimé la rodilla. El domingo pude caminar bien; el lunes me comenzó a molestar desde que me levanté de la cama, pero aún así fui a trabajar. Después de los trayectos de ida y vuelta en metro -y lo que camina uno en el trabajo- regresé en la noche con un intenso dolor en la rodilla. El martes fue imposible, no podía ni levantarme de la cama: hablé al trabajo para reportarme como inválido. El miércoles tenía la intención de ir a trabajar. De hecho, mi jefe me llamó para pedirme un encargo, el cual hice y se lo llevé a su oficina donde le comuniqué que el dolor en la rodilla era fuerte y que iría al seguro a un chequeo. Sin problemas accedió y me deseo salud.

Llegué a casa ese mismo miércoles y después de comer, como a las 4:30 me fui a la clínica del IMSS que me corresponde. Llegué bastante rápido y me alegró enterarme que está bastante cerca de mi casa. He de platicar que la última vez que fui al seguro por una incapacidad fue en 2001, así que seguro debía llegar a darme de alta de nuevo. Así fue. Me formé en la fila que apuntaba hacia la ventanilla 1. Después de media hora llegó mi turno. Me encontraron en la base de datos y sólo me pidieron algunos documentos para actualizar la que tenían, ellos me llamarían en cuanto estuviera. Transcurrió otra media hora para escuchar mi nombre. Listo, ya tenía una ficha, aunque el señor que me la entregó me dijo que no había nadie que me pudiera dar mi carnet, así que por hoy pasara así, con esa hoja.

Fui al consultorio que me tocó: el 27 (el cual queda en el segundo piso y afortunadamente hay elevador para quienes padecemos de un mal en la rodilla). Entregué a una enfermera-secretaria -cuya función según un papel pegado afuera de la puerta del consultorio dice que es Asistente- la hojita que atestiguaba que yo tenía derecho a la revisión como cualquier otro empleado contribuyente. Después de unos 15 minutos esperando afuera del consultorio la Asistente me llamó para decirme que mis datos estaban mal, que según la hojita recién proporcionada yo tenía 5 años y 6 meses. El procedimiento a seguir era volver a bajar, formarme de nueva cuenta en la ventanilla 1, notificar el error, pedir el cambio, esperar a que me nombraran una vez hecha la corrección.

Transcurrió otra media hora. Finalmente me dieron la hoja con mis datos correctos. Volví a subir y entregar mi pseudocarnet a la Asitente, quien a los 10 minutos me nombró para pesarme y medirme: 1.72 con 86 kilos. (Tengo sobrepeso, pero ese es otro tema.) Finalmente, como al cuarto para las siete pasé con la doctora -prefiero utilizar la palabra médico por razones académicas- quien después de interrogarme acerca de mi padecimiento me pidió que le mostrara mi rodilla. Ese día no podía hacer ninguna flexión. Mi pierna era tan rígida como cualquier palo de escoba. A pesar del dolor que me provocaba doblar la rodilla, la médico lo hizo pidiéndome que la pusiera flojita. Entonces se dio cuenta de que no estaba bromeando, el dolor era neto. Para finalizar la revisión vería cómo estaban mis reflejos con lo que g0lpeó mi rodilla adolorida.

Me comentó que a ella le parecía que era un esguince de rodilla, pero que me mandaría tomar una placa de RX para descartar cualquier fractura o cosa rara. Anexo a eso venía una incapacidad por 7 días. Pero claro, tenía que en ese momento (casi las siete de la noche) bajar al sótano, tomarme la placa de mi rodilla y regresar al otro día para mostrarle el resultado. Ah, y también por mi incapacidad, porque en su máquina yo seguía apareciendo como un niño de 5 años y por sistema es imposible darle incapacidad a un niño de 5 años cuyo concepto del trabajo debe ser fugaz, tal vez inexistente.

Bajé a RX y al solicitar mi radiografía el señor, muy malhumorado, me dijo: "¿Pero te va a ver ahorita?" A lo que le contesté que no, pero que ella quería que me la tomara en ese momento para mostrársela al día siguiente. De malas pasó la orden. Cinco minutos pasaron para que me llamaran y me tomaran la placa. Cinco minutos más y ya tenía la radiografía en la mano. Eran pasadas las 7 de la noche y todavía tenía una última parada por hacer: recoger mis medicamentos (la principal razón por la que fui al seguro; son gratis). A las site y media de la noche por fin me encaminaba de regreso a mi casa.

Jueves 25. Regresé al seguro. Fui directo al módulo donde expiden los carnets, lo cual fue bastante rápido. De allí tenía que pasar a la ventanilla 5 -formarme otra vez- para que me sellaran el carnet y ya fuera bueno, es decir, válido. De allí subí al consultorio. Me habían dicho que llegara como a la 1:30 pm para ser el primero en pasar. Llegué a la 1:20 y fui el quinto paciente (hay que tomar en cuenta las consultas vespertinas, a la cual pertenezco, comienzan a las 2 de la tarde). Salí ese día a las 3 de la tarde. Me volvió a citar la médico para revisión el próximo miércoles 31.

Hoy miércoles 31 llegué a la 1:15 para ser el primero en pasar. Sin embargo, otra vez fui el quinto. Finalmente pasé a las 3.

El seguro es una burocracia perfecta. Sigue funcionando como en antaño muchos otros trámites que requerían de todo un día perdido para lograr obtener una licencia, un pasaporte o hasta una ficha de casamiento. ¿Cuándo mejorará su servicio el seguro? ¿Cuándo?

25.1.07

Como yo te amo



Esta fue la primera canción que yo recuerdo haber gustado. Tenía 4 o 5 años. Le pedía a mis papás (o al adulto que estuviera conmigo) que me la pusiera una y otra vez. Hoy me sigue emocionando. El video es patético -aunque tiene algunas buenas fotos-, pero disfruten la letra.

22.1.07

Hacia Miami

Ayer se jugaron los dos partidos que definirían a los equipos que disputarán el trofeo Vince Lombardy en Miami el próximo 4 de febrero.

El primer partido fue a las 2 de la tarde y fue entre los Osos de Chicago y los Santos de Nueva Orleans. El único momento emocionante de este juego fue en el tercer cuarto cuando un pase de Drew Brees a Reggie Bush terminó en Touchdown tras recorrer 88 yardas. Pasado ese momento los Santos se vinieron abajo y los Osos fulminaron el partido con un 39-14. Lástima, me hubiera gustado ver a los Santos en el Gran Tazón.

El segundo partido era el que estuve esperando todo el fin de semana: Potros de Indianapolis vs Patriotas de Nueva Inglaterra (anteriormente en este blog he manifestado mi desprecio por este equipo). A las 5:30 de la tarde, ya comido, le cambié al canal y me acomodé para ver el partido. He de confesar que al medio tiempo pensé que todo estaba perdido, que los Patriotas volverían a llegar al Súper Tazón y que los Potros no podrían remontar un marcador como el que hasta ese momento había: 21-6. Pensé que iba a ser lo mismo que cada año con los Potros que durante la temporada juegan muy bien, Manning ejecuta casi a la perfección y llega la postemporada y se les olvida cómo se juega.

A Peyton Manning lo noté desconcentrado en la primera mitad. Buscaba hacer jugadas que no eran necesarias. La sangre, se le notaba, le hervía por todo el cuerpo.

Regresaron del medio tiempo y la actuación de los Potros a la ofensiva fue otra. Manning estaba más concentrado en el partido y no tanto en lo que él estaba haciendo. Jugó para ganar con su equipo, no solo. El partido se empató a 21 cuando tras lograr la segunda anotación del tercer cuarto convirtieron la conversión de dos puntos. La siguiente ofensiva fue para Nueva Inglaterra, quienes lograron anotar un Touchdown. Los Potros recibieron el balón de nuevo y empataron con una jugada dramática. 28-28. Posteriormente los Patriotas anotaron un gol de cmapo y se pusieron arriba en el marcador 31-28, pero Manning logró conducir a su equipo a otro gol de campo, logrado por Adam Vinatieri, el mejor pateador de la liga. Otra vez el balón en manos de los Patriotas y otro gol de campo. El marcador, faltando 1:41 de juego era 34-31 a favor del equipo lidereado por Tom Brady. Manning toma el balón en la yarda 20 de su campo y por medio de pases bien lanzados llega hasta la yarda 40 del otro lado. Tres jugadas más y anotaron un Touchdown. El partido terminó 38-34 a favor de los Potros de Indianapolis.

Estoy ansioso por ver el Súper Tazón XLI que se jugará en Miami. Espero otra victoria de los Potros.

18.1.07

Mi muerte

Como lo he platicado ya en este blog, la muerte es un tema que veo natural.

En mi adolescencia tardía me puse a penar sobre mi muerte. Había asistido a varios funerales y siempre me desagradaba el llanto de quienes allí están. Entonces pensé qué es lo que a mí me gustaría que pasara cuando me muera. Enumero mis deseos mortuorios.

1. Quiero ser enterrado (no incinerado).
2. Si mi familia decide llevar a cabo un velorio (cosa harto probable) me gustaría que hubiera un guitarrista capaz de interpretar el Concierto de Aranjuez y que junto con ese tocara otras piezas de Bach, Mozart, Beethoven y demás repertorio clásico.
3. Me gustaría que contaran chistes y evitaran el llanto.
4. Cada asistente al entierro debe escribir un pensamiento (puede ser un poema) y arrojarlo junto con la tierra que me sepulta.
5. Sembrar un árbol (de preferencia Ahuehuete) sobre mi tumba (¿no sería hermoso un cementerio que en lugar de lápidas esté lleno de árboles, que se convierta en un bosque?).
6. Colocar en la bolsa de mi camisa una foto de mi familia (así los cuidaré desde el más allá).
7. Colocar un letrero junto al árbol donde se diga que ese árbol ahora lleva mi nombre.
8. El epitafio debe estar pirograbado y decir lo siguiente: "Aquí yacen los restos del hombre que alimentará al árbol".
9. Vestirse todos de blanco.
10. Donar mis órganos funcionales.

No existe ningún orden de importancia. Muerto, las jerarquías que imperan en este mundo seguro no serán las mismas que las que habrá en el otro. Probablemente allí el tiempo sea otro.

Nunca será prematuro planear lo único que tienes seguro en la vida, lo único de lo que nadie se escapará.

El cementerio

Cuando me enteré de que Juan Rulfo obtenía los nombres de los personajes de sus historias de los cementerios me pareció formidable. Es un pendiente que tengo por hacer, aunque hace algunos años cuando fui a un entierro estuve estudiando las tumbas. Veía el nombre, la fecha de nacimiento y de deceso (calculaba los años) y si tenían algún epitafio, también lo leía.

Es interesante lo que la gente le pone a su gente querida.

También lo es pensar de qué pudo haber muerto e imaginar, a partir de su edad, su vida. Es un ejercicio que pronto volveré a hacer.

Me pregunto, ¿qué quiso decir la persona que escribió el lema que está en la lápida de la foto? ¿Habrá estado endeudado? ¿Estará haciendo negocio con el nicho de un familiar? O, ¿simplemente quiso ser original? ¿Cuál es la historia?