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13.1.10

El patio de las lagartijas



Nadie escapamos a la onda polar que actualmente abraza la parte norte del continente americano. Yo: camiseta, camisa, suéter, chamarra, bufanda, gorro, guantes, doble calcetín... y sigo con frío (no puedo ni imaginar lo que mi amigo Saúl padece ahora en la ciudad de los vientos).

Bien, pues el otro día en la oficina me detuve a observar un acontecimiento que me pareció fabuloso: una familia de lagartijas que salen a apoderarse del poco calor que hay. El frío que sienten es tanto --me imagino-- que no se mueven ni al tocarlas. La loza que tenemos en un pequeño patio en la oficina debe retener algo del calor que durante el día se filtra con el poco sol que sale en estos días lluviosos y nublados. He descubierto que alrededor de las 12 de la tarde salen a buscar el sol y desaparecen para cuando regreso de comer a las 4.

Previo a esto jamás me dediqué a pensar en cómo se calientan las lagartijas de lugares más fríos que lo que actualmente hay en la capital mexicana.

8.1.10

Michael Nolan / Mother Nature in Tears


Looking at an environmental magazine I saw this picture. It shocked me. Michael Nolan took it in Norway. It's chilling. Here you can find more photos taken by Nolan: http://www.wildlifeimages.net/

22.2.08

Estadio Pseudo-Religioso

De acuerdo con Kierkegaard el ser humano atraviesa en su vida tres estadios: el Estético, el Ético y el Religioso. En este último la angustia se apodera de nosotros al percatarnos de lo Infinito frente a nuestra finitud. ¿Quién es el hombre ante la presencia de Dios? ¿Quiénes somos nosotros frente a la creación, el universo?

No sé si ya lo hayan experimentado, pero sentir esa pequeñez puede ser adictivo. He estado analizando el hecho de gozar tanto los fenómenos naturales: maremotos, erupciones volcánicas, tornados, huracanes, terremotos. He presenciado algunos hechos que, aunque no tan intensos como los mencionados, superan mis fuerzas mortales.

La primera vez ocurrió en Nueva York. Un ciclón tocó la ciudad y arrojó vientos que doblaban árboles y la lluvia nublaba la visibilidad. Recuerdo haber sentido miedo. En otra ocasión --el terremoto de 1985 de la ciudad de México ya había pasado y yo no vivía en la ciudad en ese entonces-- estaba en el departamento de mis papás cuando comenzó a temblar. Fue uno fuerte. Veía cómo todo se movía de un lado a otro, el piso crujía, las paredes tronaban y el edificio chocaba contra las contrucciones vecinas. De mi pecera se desbordaba el agua. Yo sólo pensaba que si en este momento se intensificaba el movimiento telúrico, no habría nada que pudiéramos hacer.

Así me ha tocado vivir varias experiencias donde enfrento a la naturaleza y me reconozco pequeño. El tsunami que azotó a Asia en 2004 (foto) es una de esas cosas que no me canso de ver una y otra vez en documentales. ¿Cómo sucedió y por qué? son preguntas que me acechan constantemente. Pero sobretodo, notar la insignificancia de nuestra especie frente al rugido de la naturaleza. Nuestra inteligencia --el arma más poderosa que como animales poseemos-- es incapaz de hacer algo contra una catástrofe natural. Lo más que podemos hacer es evacuar, irnos, abandonar, "tirar la toalla" porque el rival es infinitamente más poderoso.

No sé si pueda decir que vivo un Estadio Religioso a la Kierkegaard cada que veo, leo o siento el poder natural. No lo sé porque, aunque reconozco mi finitud, desconozco si el Absoluto está allí, manifestado en una ola gigante, un volcán o un tornado. Lo extraño es que experimento cierto placer en esa angustia frente a los fenómenos naturales. ¿Será que estoy a un paso de comprender cabalmente las palabras del filósofo danés?

21.9.07

Black Holes and Revelations


Además de los deportes, de niño tenía una fascinación por el universo y la naturaleza. Recuerdo haberme quedado horas viendo los libros de Time Life que nuestros padres o abuelos tenían en los libreros que decoraban la sala o el cuarto de tele. Una de las imágenes que más me impactaba era la de un acercamiento a la parte frontal de una tarántula. Podía ver sus ocho ojos, podía contarlos. Me sentía observado y sin embargo, seguro. Es una fotografía realmente buena. Otra sección donde detenía mi atención por horas era el universo. Contemplaba los planetas, sus lunas, el sol, imaginaba el resto de la galaxia, me situaba en la periferia y hacía un esfuerzo por tratar de concebir la inmensidad de lo que nos rodea fuera de la Tierra. Pensaba en más estrellas, más planetas, más galaxias, más mundos, más gente, más sistemas solares, más soles, más infinito. Viajaba por doquier y hasta donde mi imaginación me lo permitía.

El cosmos, como bien hicieron en definir los griegos a todo lo que abarca el sistema natural, está lleno de sopresas y misterios por develar. Los agujeros negros son uno de esos dilemas que de vez en cuando comienzan a establecer sinapsis. ¿Qué diantres son?

De acuerdo con los astrónomos un agujero negro es el colapso de una estrella, cuyo poder gravitacional es tan fuerte que todo, absolutamente todo, queda atrapado por él. Veamos, las estrellas no mueren todas igual. Unas se convierten en supernovas, otras en enanas blancas, en gigantes rojas o estrellas de neutrones. Además, en agujeros negros. Las que adoptan esta muerte generalmente son aquellas cuya masa era inmensa y al morir, se convierten en una masa que atrae a todo hacia sí.

Me encantan estos juegos de la naturaleza. Una estrella, radiante de luz se convierte en un agujero negro, tan poderoso que todo aquello que circunde su perímetro --el cual puede ser de millones de kilómetros, o años luz como correctamente pronunciarían los astrónomos-- es succionado por él. La luz, incluso. Impresionante. La luz ahora celosamente no permite que, una vez muerta, se proyecte otra luz.

Hoy me doy cuenta de que el ser humano es capaz de lo mismo. Me pregunto, cuando uno es succionado por un agujero negro, ¿muere?

18.9.07

El hombre como animal

En mi escritorio tengo un calendario con fotos de perros bóxer. Diraio he de arrancar la hoja correspondiente al día anterior para estar en la fecha correcta. Debajo de cada foto siempre se puede leer alguna frase relacionada o con esta raza o con los perros en general o todos los animales. La que corresponde al fin de semana recién vivido me gustó bastante porque es algo con lo que personalmente comulgo. He aquí el pensamiento: "We can judge the heart of a man by his treatment of animals". Conocer el autor de este aforismo puede resultar sorprendente para algunos. Lo medito un poco y encuentro las conexiones que me llevan a afirmar que efectivamente, él, Kant, en algún momento escribió esto.

23.8.07

Dean

La falta de consciencia que hemos tenido sobre la ecología de nuestro mundo desde hace siglos nos está pasando la factura. Las tormentas y huracanes son cada vez de mayor intensidad. En estos momentos acabamos de vivir la experiencia de Dean, quien destrozó Chetumal y provocó inundaciones y demás problemas en otras ciudades.

Esta entrada, sin embargo, no tiene tintes ecologistas ni mucho menos. No soy devoto de la consciencia colectiva. Pienso que eso debe ser algo que cada quien asuma y así generar una cadena de individuos conscientes. De otra forma me parece absurdo.

La verdadera razón de esta entrada era compartir la admiración que tengo hacia la naturaleza. Contemplar los fenómenos naturales es, para mí, sublime. Ver esta foto del huracán tomada desde un satélite donde claramente se ve que a su paso está un pueblo, una ciudad, un país y que no hay nada que humanamente se pueda hacer para impedirlo me resulta incluso espiritual. Entonces llega el momento en el que mi finitud se hace evidente.