- Las mujeres discuten 9.7% de la veces sobre el tema de los hijos, mientras que a los hombres sólo nos interesa el mismo tema 5.6%. En mi experiencia marital puedo sostener que el resultado de esta encuesta no es sesgado. Mi mujer tiende más a atender el tema de nuestro hijo y su crianza más que yo, al grado de quejarse por pensar que en ocasiones la televisión o los libros ocupan más mi tiempo que mi propio hijo.
- El sexo es el siguiente tema por el cual las parejas discutimos. De acuerdo con la encuesta este tema le preocupa 7.1% a las mujeres, mientras que los hombres lo abordamos 9.1% de las veces. ¿Será? Lo que digo es, ¿para qué discutir sobre el tema? Mejor, manos a la obra.
- El tercer tema que se aproxima como fuente de discusión es el de las tareas en el hogar. A las mujeres les incumbe 8.7% de las veces; los hombres, 4.2%. Discrepo. Yo sí lavo los trastes, tiendo la cama, lavo el balcón, riego las plantas, trapeo y cocino. Además, no me quejo.
- ¿Cuál será el siguiente tema-factor de discusión entre pareja? El --maldito-- dinero. Los resultados acusan a las mujeres de discutir con mayor frecuencia (8.5%) sobre este sucio tema que los hombres (6.2%). Lo ridículo es que la abstracción llamada dinero genera, después del tema sexual, la segunda causa de divorcios. Ya lo decía Roger Waters --Pink Floyd-- en la célebre canción dedicada al tema, Money, "money, the root of all evil today".
- Otro tema que aviva el apasionamiento entre géneros es el del ocio. Las mujeres dedican 8.1% del tiempo a discutirlo, mientras los hombres sólo lo atendemos 6.2%. Y me pregunto, ¿para qué discutir sobre él?, mejor echarnos a contemplar cómo nuestra esposa nos regaña por estar acostados viendo el futbol. Ya lo dijo muy bien Aristóteles: "El ocio es la madre de todas las ciencias". Hoy podemos afirmar que el ne-gocio es el mal de todo pensamiento.
- El último tema que esta encuesta arroja es el alcoholismo. 7.2% de las mujeres están preocupadas por el 4.4% de los borrachos de sus maridos. Puedo señalarme como un no alcohólico. Sólo tomo cuando estoy deprimido por discutir a causa del dinero, discusión que me lleva a no tener intimidad con mi mujer, generándome un estado ocioso que me recuerda las tareas que debo llevar a cabo en la casa --incluida la de cambiarle el pañal a mi hijo.
¡Malditas discusiones! Todo se arreglaría si educáramos bien a nuestro hijo para que nuestra mujer no se enoje con nosotros y así lograr el resto de los objetivos maritales. ¿Se dieron cuenta que las mujeres tienden a discutir más?... de acuerdo a la encuesta, claro. No vaya a ser que esto desate una de esas discusiones medievales sobre cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler.