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7.8.09

Fluidez metafísica

Tenía pavor. Ayer por la noche le pedí a mis amigos, con quienes conviví en la mezcalería Mayahuel (excelente, por cierto), consejos e ideas para iniciar mi curso de Metafísica que arrancaba hoy de 7 a 10 de la mañana. Aunque algunas ideas surgieron --que terminé aplicando-- la mayoría eran chistes, bromas, burlas y retos. Llegué a la 1 de la mañana de la mezcalería y repasé algunas lecturas para ver si me sugerían algún recurso pedagógico. Me acosté media hora más tarde para levantarme cinco horas después. Eran las 6:50 cuando me presentó la coordinadora del grupo ante el salón. Aún así, me esperé hasta que dieran las 7 para iniciar mi clase. Y todo fluyó...

17.6.09

Crónica de un arrastre anunciado

Fue el jueves pasado. Por la tarde fuimos al hospital a visitar a un pariente. Media hora después de haber estacionado el coche bajé a comprar un refresco y ver cómo estaba mi auto. O mejor, para enterarme de que donde lo estacioné ya no estaba. Inmediatamente lo supe. Se lo llevó la grúa. Busqué el mentado disco de NoE. Y sí, allí estaba oculto por varias ramas de un árbol.


Llamé a Locatel para pedir informes del corralón al que se habían llevado mi coche. Nunca contestaron en el teléfono al que me comunicaron los recepcionistas. Tomé un taxi, paramos una patrulla para preguntarle y nos dijo que había dos opciones, a) o b). Le dije al taxi que tomara a). Llegamos y le digo al policía que al parecer mi coche había sido arrastrado a ese corralón. "Entra y búscalo", me dijo. Así lo hice para no encontrar nada. "No está", le comenté. "A ver, cuáles son tus placas", me preguntó. Se las dicté, las ingresó en su computadora y me dijo: "Está en el otro corralón", es decir, b). Tomé otro taxi y llegamos al corralón b). "Me dijeron que aquí está mi auto", le comenté al policía de la entrada. "Entra y búscalo", me contestó. Entré, lo busqué y lo encontré. "Sí, aquí está", le indiqué. "Necesito tu tarjeta de circulación, licencia, identificación personal si el coche está a tu nombre y Tenencia 2008", espetó, "original y dos copias". Saqué todo menos la tenencia, ese documento nunca me lo habían pedido. Se lo comenté al policía y le enseñé mi comprobante de Verificación. "Si mi coche fue verificado es porque ya pagué mi Tenencia 2008", le comenté. "Sí, pero ese es un documento de la Secretaría del Medio Ambiente y yo necesito uno de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes...y tiene 6 minutos porque ya vamos a cerrar". Al ver que no conseguí los documentos completos me dijo que abrían a las 8 de la mañana, que a esa hora podía llegar con mi documentación.

Viernes por la mañana. Llego al corralón a las 8 con 15 minutos. "Me presta sus originales", me dice el mismo policía del día anterior. Se los muestro, los revisa y me dice: "Esta es la Tenencia 2009. No me sirve. Necesito la 2008." "Bueno, eso quiere decir que ya pagué la 2008, ¿no?", le pregunté. "Sí, pero el sistema aún no me permite ingresar la 2009. Necesito la 2008". "No sé dónde la tenga", le dije. "Puede ir a la Tesorería de la Comercial Mexicana de Chabacano (el metro) y allí se la entregan el mismo día", me sugirió. Así lo hice, fui al lugar, mencioné mi caso y la señorita me solicita mi tarjeta de circulación, identificación oficial y factura del auto. Evidentemente no tenía la factura del auto. Regreso a mi casa, busco la Tenencia 2008 sin éxito, busco la factura de mi auto para enterarme que aún no la había recogido de la agencia. Llamé, pregunté por mi factura y me dijeron que sí la tenían. Fui por ella a Tacubaya. De allí busqué una Tesorería cerca donde me dijeron que sí me podían hacer el trámite pero se tardarían 5 días hábiles. "No puede ser, la necesito para sacar mi coche del corralón", les comenté. Me dijeron que la única Tesorería que hace ese trámite en un día es la de Asturias (Chabacano). Así que tuve que ir otra vez allí.

El trámite duró una hora y me enteré que había pagado la Tenencia 2006 dos veces. Ahora tendré un abono. Me dieron mi dichosa constancia de no-adeudos, incluyendo la 2008. Salí de esa Tesorería como a las 13:30 horas y me dirigí al corralón (cerca del metro Pino Suárez) a recoger mi coche. Antes de llegar saqué un par de copias de este nuevo documento que me habían dado. Llegué, el mismo policía, los mismos documentos originales, se los entregué, me pasó una hoja de multa, pagué $600 pesos (¡un robo!) y mi coche ya estaba liberado. Claro, pero no tomé en cuenta que adelante del mío una grúa había estacionado otro. Tuve que esperar media hora más para pudieran mover ese coche y salir libre de ese lugar.

Esto de las grúas es un auténtico asco, el negocio del hermano de Ebrard y algo carente de lógica. ¿Por qué no pueden simplemente dejarme un ticket con mi multa? Porque lo que más cuesta es el arrastre de la grúa al corralón: $423 pesos. En realidad la multa es poca: $155 pesos. Lo olvidaba, hay que agregar que los del corralón amablemente cuidaron de mi coche durante una noche: $40 pesos más.

Les dejo un mapa del metro de todos los puntos de la ciudad que tuve que visitar en seis horas.

16.1.09

Las playas de Oaxaca

En el viaje del cual he hablado en estas semanas visité varias playas. Nos instalamos en unos bungalows y de allí decidíamos todas las mañanas a dónde ir.

Una vez que llegamos a Puerto Escondido descansamos tras la carretera y al día siguiente fuimos a una playa muy cerca de donde estábamos; tal vez a unos 15 minutos en auto. Era Carrizalillo. Es una bahía muy tranquila donde uno puede nadar sin problemas pues es como una gran alberca. A los pocos metros después de haber entrado al mar uno ya no pisa y debe flotar. Hay servicio de Banana, clases de surf y las tradicionales palapas con camastros, mesa y sillas. Esto último tiene un costo de 100 pesos la renta o 300 pesos de consumo. Optamos por lo segundo, aunque los precios no son nada económicos. Algo negativo es que tiene mucha gente, es una playa popular y literalmente se aperra.

Al siguiente día fuimos a Agua Blanca, una playa situada entre Puerto Escondido y Huatulco. Allí el oleaje es fuerte, pues estamos en mar abierto. Sin embargo, una formación de rocas a la mitad de la playa crea un pequeño chapoteadero para los pequeños y personas que no saben nadar. Para los que nos gusta jugar y nadar en mar abierto, esta playa es una buena opción. Hay pequeños restaurantes que ofrecen servicios básicos de bebida y comida. Esta playa también es frecuentada por mucha gente, aunque la extensión de la misma da una sensación de espacio para no sentirse sofocado.

Cacaluta fue el siguiente destino. Esta playa está en Huatulco --como a hora y media de Puerto Escondido-- y es zona protegida por el gobierno federal. No puede uno llegar en auto propio a la playa. Es necesario dejarlo a unos cuatro kilómetros, donde se sube a una camioneta que sirve de taxi transportando a todos. Hay quienes prefieren caminar los cuatro kilómetros, aunque el sol es intenso. Al bajarse de la camioneta se camina unos diez metros entre maleza y al salir de la misma aparece la hermosa playa. En cuanto la vi, la reconocí: es la playa de Y tu mamá también. Es igualita a la película, pero con más gente, aunque no tanta. Esta playa es peculiar. Justo a la mitad, mar adentro, hay una enorme piedra que divide las corrientes. Visto de frente, del lado derecho se hace una bahía cristalina en la cual pude ver una mantarraya bebé. Del lado izquierdo de la piedra el mar es mucho más bravo con corrientes encontradas y oleaje intenso. La resaca es fuerte, pues la playa tiene inclinación y al no ser mar abierto la playa termina donde rompen las olas. Pasando ese punto ya no se pisa. Hermoso; uno de mis favoritos. (NOTA: si realizan un recorrido similar --Puerto-Huatulco--, recomiendo regresarse, en horario de invierno, a las 5 de la tarde a más tardar. Pasada esa hora oscurece muy pronto y la carretera de regreso es sumamente pesada.)

La siguiente playa fue Roca Blanca. Es una bahía abierta con oleaje tranquilo. Es bonita a secas. Lo que más me gustó de esa playa fue que a la derecha de la misma hay una formación rocosa que divide la playa de oleaje tranquilo de otra de mar abierto y oleaje fuerte. Existen dos caminos para llegar a esa otra playa. Uno es caminando por detrás de la piedra aproximadamente unos 500 metros. El otro es escalando la piedra. Para llegar a ella hice lo primero. La playa me encantó; caminé por ella hasta sentarme en unas rocas a contemplar el mar y, literalmente, pensar en la inmortalidad del cangrejo. Hermosos animales que viven en el miedo. Crean pequeños agujeros en la arena donde viven y se refugian de los depredadores e incluso del mar. Asoman apenas una pequeña parte de sí mismos para cerciorarse de que están "solos". Se aventura a salir de cuerpo entero de su agujero. Recorre, muy pausadamente, el territorio alrededor de su refugio. Al momento de sentir una invasión, corre a su agujero. El intruso puede ser una persona caminando cerca, yo moviendo la cabeza, un ave, otro cangrejo o la espuma de una ola que se extiende por la arena. Cuán celosos son de su pequeño espacio. Una vez terminada mi contemplación regresé y decidí que ahora quería hacerlo escalando la piedra. Fue una experiencia que me fascinó. Del otro lado ya estaba toda la familia esperándonos a mi esposa y a mí. Las palapas para comer son altamente recomendables. Los alimentos y bebidas están realmente baratos y exquisitos. Yo pedí un coctel de camarones y dos órdenes de pescadillas; además de, por supuesto, unas tres cervezas.

El siguiente destino fue Tembo. Este lugar lo descubrió mi suegro hace un año aventurándose por un camino que decía ser para llegar a la playa Tembo. Este lugar igualmente está, como Roca Blanca, entre Puerto Escondido y Huatulco. Yendo sobre la carretera se puede ver, tras unos 45 minutos de manejo, una desviación a la derecha que dice Tembo. Dimos vuelta y el camino deben ser unos 8 o 10 kilómetros hasta la playa, un camino de terracería y donde en ocasiones sólo cabe un auto. Llegamos y sólo había otros dos autos. Un lugar para enamorarse...de la naturaleza, el mar, la pareja, el universo, Dios. La única playa que puedo decir es auténticamente virgen. Ni un solo comercio, ni un solo ambulante. Sólo gente nativa que pesca almejas y cangrejos. Es una bahía de oleaje moderado, con la suficiente fuerza para utilizar la boogie board. La arena es fina y muy compacta. A mi lado izquierdo notaba otra formación de piedras y me aventuré a explorar. Escalé las piedras hasta llegar al siguiente lado donde podía uno sentarse a contemplar la paz mientras se ven cardúmenes de sardinas y a lo lejos se divisa otra playa virgen, a la cual sólo es posible llegar nadando por el mar o escalando hacia abajo las piedras. Preferí no hacerlo pues no llevaba sandalias y ya sentía los pies adoloridos, además de quemados por el calor de las piedras. Desgraciadamente no llevé mi cámara allí. Esta fue la playa que más me gustó y donde acamparía en un futuro.

De regreso de Tembo pasamos por Zipolite y Mazunte. Conocí las playas aunque no me parecieron nada expectacular. Sencillamente una más. Me gustan más, además de Tembo, Playa Paraíso o Michigan en Guerrero.

El último día conocimos Zicatela, una de las playas de Puerto Escondido, y famosa por ser la segunda mejor de clima tropical para el surf, sólo superada por Australia. Allí las olas sí son de respeto. Adentro del mar, con tabla boogie y todo, llegué a ver olas de cinco metros que no me animaba a escalar ni retar. Las corrientes son sumamente fuertes y encontradas, lo que dificulta el nado allí para un principiante como yo. Cuando uno menos lo espera ya está 500 metros alejado de donde inició a nadar. Hermoso lugar si lo que uno disfruta son las olas grandes y el mar bravo.
El lugar al que definitivamente no regresaría es Carrizalillo.


En la siguiente entrega de este blog tendrán las fotos de estos lugares.

16.7.08

Tres horas y media de espera o de cómo obtener la Visa y no tartamudear en el intento

Dentro de un mes tengo un viaje para salir del país por parte de Istmo. Iré a Houston, Austin y San Antonio, en el Estado de Texas. Cuando fui notificado no tenía ni pasaporte ni visa americana. El primero lo obtuve hace casi un mes y la prueba está en este mismo blog, entradas atrás. Hoy fue mi cita en la embajada estadounidense para tramitar el documento restante.

Llegué a las 9:30 de la mañana --mi cita era a las 10--, le mostré mis documentos a un chavo que cuidaba la cadena de la calle. Me dijo que en la fila 2. Caminé hacia la multitud con documentos y me formé en lo que según yo era la fila 2. Otra persona --chavo también-- con un megáfono nos ayudaba a resolver dudas sobre el llenado de los documentos que teníamos que entregar. Llegó más gente a las filas; una de ellas preguntó por la fila 2 y se formó junto a mí. A su vez, yo pregunté en qué fila estaba y me contestaron que en la 2. Una de dos, o hay dos filas 2, lo cual suena muy improbable dada mentalidad gringa, o alguien estaba equivocado. Las personas adelante de mí, quienes me afirmaron que estaba en la fila 2, se cambiaron a la verdadera fila 2. Iba a seguir su ejemplo cuando pensé, "finalmente, la ubicación es totalmente arbitraria y azarosa, no sigue un plan pre-establecido. Si me quedo en esta, que es la 1, no pasará nada". No pasó ni un minuto de eso cuando la fila en la que yo estaba comenzó a moverse hasta ingresar completa en una nueva zona de la embajada.

Esta era la zona previa a ingresar al edificio como tal. Aclaro que desde que me formé a las 9:30, tras escuchar las indicaciones de llenado, saqué el libro que llevaba y me puse a leer. Lo mismo hice una vez detenida la fila en las inmediaciones de la puerta hacia las salas del suspenso. Mientras leía se aproximó otro chavo que volvía a revisar los documentos y les imprimía un sello y una "P" que supongo significa: pasa. La fila volvió a avanzar para colocarse a un tris de ingresar al inmueble. Entonces un guardia nos indica lo que NO se puede meter: celulares, lap-tops, i-pods, cualquier dispositivo electrónico, usb, navajas, cortauñas, cámaras y alguna otra cosa que por el momento olvido. Este guardia nos prestaba una Zip-Lock donde habríamos de depositar si traíamos cualquiera de los objetos antes mencionados, la cual, con una contraseña que allí te daban, recogías tras finalizar el trámite. Es decir, tres horas después.

Crucé la puerta, sin saco y sin cinturón. Un señor me saluda: "Buenas tardes", "Tardes, pienso, son las 11 de la mañana. WTF." Le devuelvo cortésmente el saludo, contesto que vengo solo, me pone otro sello y lo más importante, la ficha con el número para el resto del proceso: 622. Para mis adentros pienso que es un buen número, pues suma diez y según Pitágoras, la Tetrakys, que era la suma de 1+2+3+4 y resulta en 10, era un número místico. Tomo mi ficha y supero el detector de metales después de quitarme el reloj.

Llego a la primera de las salas. Tomo asiento y como si estuviera en una sucursal de Banamex, he de aguardar a que mi número (622) aparezca en la pantalla indicándome el escritorio que me aguarda. Observo la pantalla y van en el 525. Deposito en mi silla --mía durante la siguiente hora-- mi maletín y mi libro y voy por un sandwich y una coca en la tienda que dentro del lugar (porque cualquier bebida o comida, así sean dulces, han de ser tirados a la basura antes de ingresar). "Desayuno" y continúo mi lectura. De vez en cuando levanto la mirada para calcular el tiempo que me resta. Llega mi turno de pasar al escritorio 6. Allí me atiende una muchacha, guapetona, que me pregunta por el motivo de mi viaje y a lo que contesto que "placer". Me pide sentarme en una silla "sin moverla" y quitarme los lentes. Hace algo en su computadora y me toma la foto, mis huellas dactilares y me pide que vaya a la verificación de huellas en el extremo del pasillo.

Me levanto y pienso: "¿Ya me la aprobaron? ¿Así de rápido?" No lo sé. Verifico mis huellas y me piden que aguarde a que vuelva a aparecer mi número. Me entregan un papel que he de llenar para el envío, me dicen. Tomo asiento en la Sala 2 que funciona igual que la 1, es decir, la anterior. Al sentarme veo en las pantallas 467. Tendré que esperar otro rato. Miro mi reloj y marca las 12 de la tarde, en punto. Lleno el dichoso papel y vuelvo a sacar mi libro y continúo vorazmente mi lectura, la cual fue placentera hasta que junto a mi derecha se sentó una señora mayor llena de dudas y emociones saltarinas. El número en la pantalla era el 573 y mi lectura había sido interrumpida, lo cual me fastidió un poco. Resolví las dudas de la señora, quien vive en Satélite y al parecer viajará por primera vez a EU. Intento seguir leyendo. Tras varias preguntas más entiende mi necesidad de leer y se voltea a platicar con la persona, otra señora, de su derecha. No podía evitar escuchar de qué hablaban: cuánto lleva, qué ficha tiene, uyy esperaremos mucho, ese se ve contento, seguro se la dieron, el bueno es el de la ventanilla 33, todos salen contentos de allí, ese otro se ve un poco triste, etcétera. Apareció en la pantalla el 621 y me levanté de la silla: 622 en la ventanilla 37. Ambos números suman diez, no podía ser mejor; además, alguna vez en la primaria mi número de lista fue el 37. Tenía toda la seguridad que necesitaba antes de "entrevistarme" con el cónsul.

"Buenas tardes".
"Buenas tardes", le contesté.
"¿El motivo de su viaje?"
"Placer y negocios", le digo.
"¿Negocios? ¿Qué tipo de negocios?", me inquiere.
"Trabajo en una revista y la Oficina de Visitantes de Texas nos invitó para que hiciéramos un reportaje sobre Houston, Austin y San Antonio."
"¿De qué se trata su revista?", continúa preguntándome.
"Se llama Istmo y es empresarial y cultural. Pertenece a la Universidad Panamericana y el IPADE?", le respondo.
"¿Cuánto tiempo lleva trabajando en la Universidad Panamericana?"
"Un año", le digo, "y año y medio trabajé en el IPADE".
"¿Y antes?"
"Fui profesor de Filosofía e Historia en el Tec de Monterrey".
"¿Dónde estudió?"
"La carrera la hice en la Universidad Panamericana y la maestría en la UNAM".
"Aprobada, pase a pagar el envío".
"Muchas gracias".

Afortunadamente llevaba dinero en efectivo. Nadie me avisó que debía pagar 55 pesos por el envío de la Visa a mi casa. Pagué, salí de las "salas", recogí mis objetos, le llamé a mi esposa, que trabaja a unas cuadras de la embajada y le sugerí comer conmigo. Era la 1:30 de la tarde.