
Es indudable que la lucha más importante, así como la más difícil, que cualquier ser humano debe librar es la que se lleva a cabo contra uno mismo. Violentar la propia naturaleza duele. Cuando lo hago siento como si un vendaval estuviese sacudiendo un puente y logro percibir los rechinidos que emiten las uniones que chocan entre sí. Veo como se sacuden los cables que sostienen la estructura. Los automóviles que circulan por él se mueven, volcan, se estrellan. El pavimento se resquebraja a causa de los agresivos movimientos que Eolo le está propinando a la estructura. Las grietas dejan ver el agua que por debajo fluye con rapidez. El balancín en el que se ha permanecido marea, desorienta. ¿Hacia dónde voy? ¿Iba o venía? Aguanto. Pasa el viento. Poco a poco se restablece el orden. Todo retoma su curso. El puente... algún día será reparado. Ahora es necesario valorar los daños. Tal vez mañana las nubes que cubren mi visibilidad me permitan ver con claridad.