"Y, además, como todos los amantes inexpertos desde que el mundo es mundo, no se conformaba con dejar las cosas como eran; tenía que explorarlas y evaluarlas en su mente, a conciencia. Todas las respuestas que ella le daba eran inesperadas. Si él mencionaba al marido, Leila se enojaba enseguida, interrumpiéndole con una franqueza que lo dejaba cohibido:-Yo lo amo. No quiero que se hable mal de él. Es un hombre noble y nunca querría hacer nada que pudiera lastimarlo.
-Pero...pero... -tartamudeaba el joven Mountolive; y entonces, riéndose de su perplejidad, ella volvía a echarle los brazos al cuello, diciéndole:
-¡Tonto, David, tonto! Si él mismo me dijo que te tomara por amante. Piensa... ¿no es sensato, a su modo? ¿Temiendo perderme del todo por mala suerte? ¿Nunca has estado hambriento de amar? ¿No sabes lo peligroso que es el amor?" (Pág. 43)
En asuntos de amor, la razón escapa...
ResponderBorrarSaludos!