24.7.07

Cuernavaca, ¿ciudad de los eternos vendedores?

La semana pasada estuve de vacaciones con mi familia en Cuernavaca, la Ciudad de la eterna primavera. El viaje dese la capital del país es corto y ameno. Es una de las carreteras que más me gusta manejar, con sus pendientes, curvas y neblina. Llegamos y buscamos donde alojarnos. Encontramos uno que nos agradó mucho, Bungalows Las Rosas. Sólo quedaba una habitación disponible y la tomamos. El lugar tiene un terreno inmenso lleno de vegetación y una alberca muy cómoda con agua templada. Nos instalamos y salimos a comer. Decidimos ir al centro. El tráfico, horrible. Uno pensaría que en provincia el estrés causado por el manejo del automóvil sería inexistente, pero no en Cuernavaca.

Mientras comíamos me sorprendió la cantidad de vendedores que se acercan para ofrecerte sus pulseras, collares y demás artesanías mexicanas. Ni en la ciudad de México se ve este fenómeno. Uno tras otro. Bocado tras bocado llegaba uno nuevo a vender lo mismo que el anterior me había ofrecido y al cual le había dicho que no me interesaba. El colmo fue cuano llegó un niño de unos 10 años a venderle a mi mujer lo mismo, collares y pulseras. Le dijo que no, gracias. Entonces el niño le pidió para "un taco". Mi esposa le dijo que le regalábamos pan que teníamos sobre la mesa, a lo que el chamaco contestó que no, que no le gusta el pan. ¿Qué? ¿Cómo que viene a decirnos que quiere para un taco, pero rechaza un pedazo de pan? Lo peor del asunto es que su mamá estaba al otro lado de nuestra mesa observando cómo su hijo conseguía el dinero. Se fue, pero al rato regresó una niña aproximadamente de la misma edad para venderme a mí lo mismo. Le dije que no, gracias y como si estuvieran programados para pedir lo mismo, solicitó dinero para "el taco". Le comenté que en la mesa había pan y que podía tomar el que quisiera. La chamaca, indignada, vociferó quién sabe qué improperios en lengua indígena y se marchó.

Quedamos asombrados. La manipulación por parte de los padres hacia los hijos es atroz. Les están enseñando que mentir para conseguir un fin es lo correcto. Me parece que se escudan en su condición indígena para causar en los demás una impresión de misericordia. Quieren que les des el pescado, pero no aprender a pescar. Con su indigenismo disfrazan una forma de ser. Lo que más me encabrona de esto es que así no son todos los indígenas y hay muchos que sí están dispuestos a superarse y salir de la pobreza extrema, a cambiar de mentalidad, a ser otros, mejores, dentro de su propia naturaleza.

Seguimos comiendo y comenzó a llover de forma estrepitosa. El cielo se dejaba caer. Mágicamente los vendedores desaparecieron. Sin embargo, la lluvia me dio un nuevo tema para publicar.

3 Diálogos:

Claudia dijo...

Hola Roberto,

Dos cosas: Tú también piensas que Guatemala es una sucursal de México?

Coincido plenamente con tus gustos literarios. Los libros que mencionas son exquisitos...con una leve salvedad, tal vez, con El Aleph.

Saludos a México lindo...

Imagíname dijo...

jaja, los vendedores, cada estado tiene sus cosas, yo me fui de visita a veracruz y también hay vendedores, pero mis problemas fueron otros, todas mis desaventuras estan en mi blog, espero te des una vuelta y lo leas.

Roberto dijo...

Claudia: ¿Qué tiene que ver Guatemala con Cuernavaca?

Imagíname: voy para allá.